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abril 29, 2012 12:09 pm
En la esquina Velásquez de la avenida Lecuna, en el límite entre las parroquias Santa Teresa y Santa Rosalía, existe una farmacia que tiene allí 135 años y que ha aguantado el embate de las grandes cadenas que se han apoderado de este mercado gracias a su visión tradicional de este negocio: su fuerte son las medicinas que preparan en su propio laboratorio.
La lista de medicamentos que fabrican para todo tipo de dolencias es muy larga, pero los clientes buscan sobre todo Lamedor (expectorante), el timol para los hongos de pies y manos y el cloruro de magnesio para dolores en los huesos.
Pero además preparan champús que combaten la ca´ida del cabello y otros tónicos capilares antiseborreicos, pomadas antimicóticas de varios tipos, sobres de Alumbre (antinflamatorio), de ácido bórico, de sal de higuera o de azufre, alcohol yodosalicidado (para hongos en la cabeza) y crema azufrada para la escabiosis, entre otros.
Pascual Aguirre, cliente asiduo del negocio y que siempre compra aquí Achicoria (jarabe para la tos), cuenta que estos medicamentos no solo son más baratos que los patentados, sino que son mejores: “Aquí no viene más gente porque en general no se sabe que este lugar existe”. Pero en la farmacia no se quejan de la falta de clientela, y cuentan que a pesar de que su principal oferta son los remedios hechos en su laboratorio, los medicamentos patentados también se venden bien.
Aquí también han sufrido por la falta de algunas materias primas, y entre otras cosas ya no pueden elaborar alcohol quinado (para tratar las escaras que surjen en los enfermos que están mucho tiempo en cama) pues no se consigue sulfato de quinina. Leche de magnesia tampoco hay por ningún lado.
Pero se las han arreglado para seguir fabricando los principales remedios tradicionales, esos que de manera ininterrumpida se venden en esta misma botica desde 1877. JB