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septiembre 15, 2012 12:28 am

José Domingo Blanco (Mingo): Mi plan apuesta a Venezuela

Tengo un plan. El mío, siempre fue apostar por Venezuela. Incluso, en las situaciones más adversas y conflictivas, cuando lo recomendable hubiera sido hacer maletas y aventurarme en otro país, mi decisión ha sido permanecer en Venezuela, a toda costa. Contra viento y marea. Porque me gusta mi país, creo en mi país y aquí, en mi país, tengo lo que no voy a encontrar en ningún otro lugar: gente maravillosa, capaz de hacer chistes hasta de las más terribles tragedias.

Respeto la decisión de quienes, por distintas razones, se vieron en la necesidad de ejecutar su plan B. La verdad es que solo basta una rápida ojeada a la prensa para que provoque salir corriendo. Vivimos “encomendándonos a Papá Dios” porque, definitivamente, es el único que día a día, cuando regresamos ilesos a nuestras casas, demuestra que su plan para protegernos funciona. Cosa que no pueden decir los mediocres promovidos de este Desgobierno.

Pero, quiero volver al tema que me ocupa: mi Venezuela y  su gente alegre (alegría que, por cierto, este Desgobierno expropió y pretende atribuírsela como mérito, luego de la famosa lista que nos ubica como uno de los países más felices del mundo). Y a pesar de esta eterna incertidumbre que nos embarga y nos amarga, no puedo negar que disfruto cuando tengo la oportunidad de trabajar con dos colegas que siempre -y no sé por cuál razón- cuando hablan de sus respectivos “plan B” logran una radiografía de la idiosincrasia del venezolano.

Sus destinos no requieren ni visas ni trámites engorrosos ni mucho menos dólares. Máximo unas cuantas horas de carretera (ahora quizá el doble por las condiciones como se encuentran las mismas). Cualquier playa donde no se oigan las cadenas de Chávez, sino pura bachata, vallenato o reggaeton, a todo volumen, que seguramente pondrá el carro de al lado, y cuyos ocupantes se autoproclamarán los encargados de “amenizar” -o “arruinar” para quienes no les gusten esos ritmos- el día de disfrute.

Y arranca la descripción de esa especie de rutina playera: la cava de anime ¡repleta de cervezas!, y un vacío adicional en la maleta del carro; el toldo que, como el que alquilan en la playa es muy costoso, se improvisa colocando unos palos de madera y la toalla grandototota, “esa, bien bella, la que tiene un tigre estampado; la que compramos en el terminal de Punta de Piedra”; una olla de arroz con pollo, dos botellas de Big Cola, un frasco de anís El Mono -para las que no toman cervecitas-, medio cartón de huevos sancochados (que sale más barato que comprárselo a los vendedores de la playa)… ¡Ahhhh!, y el impelable sancocho, porque no hay nada más sabroso que “un sancocho a orilla e’playa”; pero, preparado en una lata de aceite, de las grandotas, de las industriales, de las que compran los restaurantes, curadita porque lo que ha llevado es leña pareja.

Por supuesto, a la lista no pueden faltarle los vasos, las cucharas y los platos plásticos. Tan plásticas como las cholas que ellas lucirán, combinadísimas con las lycras bien ceñidas  y las franelitas amarradas a la cintura, “porque una nunca sabe y primero muertas que desarregladas. Quien quita que así emperifolladitas, ¡guá!, hasta terminamos  levantándonos al ostrero”…Y sueltan las carcajadas. Y las acompaño en el concierto de risas porque imagino la escena. No es necesario ir muy lejos para saber que un plan como ese, aquí en nuestro país, es así. En cualquier playa abunda.

Y es por eso que yo también tengo un plan: mi plan B;  pero con V, con V de Venezuela, porque esa alegría y esa mamadera de gallo con la que los venezolanos afrontamos todos los momentos difíciles no las voy a conseguir en ninguna otra parte del mundo.

MINGO

@mingo_1

mingo.blanco@gmail.com

Comentarios

  1. LUISA BARRETO dice:

    Te felicito Mingo por tan importante decision QUEDARTE EN VENEZUELA en MI VENEZUELA QUERIDA, VENEZUELA necesita de sus hijos y sobre todo en estos momentos muy dificiles.