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enero 14, 2013 12:59 am
Si nos atenemos al lenguaje que ha engalanado la era chavista venezolana, habría que decir, en palabras del propio presidente Hugo Chávez Frías, que el Tribunal Supremo de Justicia “puso su plasta” al sentenciar como acaba de hacerlo ante la abortada juramentación del presidente electo el 10-E. Pero como la del máximo tribunal es en Venezuela la última palabra en materia judicial, a quienes discrepan no les queda otra que acatarla y ejercer el legítimo y necesario derecho al pataleo, a la protesta.
Si un Presidente se encuentra en delicado estado de salud en un hospital de otro país, quién sabe si en estado consciente o inconsciente, y si su ausencia se prolonga ya por más de un mes y nadie sabe por cuánto tiempo adicional se extenderá, ni mucho menos cuál es su diagnóstico o pronóstico médico, la lógica más elemental conduciría a concluir que se trata de una falta temporal del mandatario. Si ese cuadro no constituye una ausencia temporal, la magistrada Luisa Estela Morales tiene que explicar en qué cuadro entonces debería verse un Jefe de Estado para que estemos en presencia de una ausencia temporal.
No parece que los magistrados de la sala constitucional, tan honorables como están obligados a ser, al pronunciarse como lo hicieron hayan cumplido con esos tres principios del derecho que mi colega Rigoberto Gámez siempre recuerda de sus clases como alumno de leyes en la Universidad Católica Andrés Bello: sentido común, lógica y buena fe.
En cuanto a los actores políticos del país, se entiende que cada una de las fuerzas que intervienen en el escenario nacional se mueva conforme mejor favorezca a sus intereses, pero sin menoscabar el interés supremo de la república y el imperio de la legalidad democrática, ni tampoco desconocer y atropellar a priori al adversario y a sus ideas. Si esto es válido para cualquier momento, tanto más en esta delicadísima coyuntura histórica y política que nos impone a los venezolanos el advenimiento del año 13 del tercer milenio.
Es tal la fragilidad del instante político que resulta aconsejable que ni el oficialismo ni la oposición jueguen a exacerbar la confrontación. En rio revuelto, algún pescador de ocasión podría sacar ganancias muy lamentables para la república y sus distintos actores políticos y sociales.
Sería razonable que los jerarcas chavistas, encabezados por Nicolás Maduro y Diosdado Cabello, dejaran de lado esa grotesca competencia por ver cuál es más atrevido en sus ofensas y amenazas contra la dirigencia de la oposición. Y razonable es también que el liderazgo opositor termine de llegar a una posición unívoca e inequívoca, pues mientras la mayoría dice no compartir pero sí acatar la sentencia del TSJ, así como reconocer a Maduro como vicepresidente, otra parte (María Corina Machado y Bandera Roja, por ejemplo) dice desconocerlo por ser un usurpador del poder.
El foco nacional, y aquí incluyo a todos los sectores de auténtico sentido patriótico, debería concentrarse en la defensa del modelo democrático previsto en la Constitución, en cuya dirección luce conveniente insistir en propiciar un clima de respeto y de concordia.
Y hablando de sentido patriótico, no puedo pasar por alto la grosera intromisión del nicaragüense Daniel Ortega en nuestro propio territorio en el debate político entre los venezolanos. Hay que oír a la hijastra de Ortega recordar quién fue el “buitre”, la “carroña” que abusó sexualmente de ella cuando apenas se asomaba a la adolescencia. Semejante esperpento humano no tiene calificación moral para emplear esos términos contra quienes disienten del presidente Chávez y su gobierno.
Impecable y taxativo en sus opiniones el hijo mayor del viejo Cruz, verdadero revolucionario y conceptualmente claro y preciso…Mis felicitaciones y parabienes a MARIO VILLEGAS…con quien hace muchos me correspondio asumir la contraparte en la discusion del Contrato Colectivo del desaparecido dirio EL GLOBO….