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enero 13, 2013 10:35 am
Mi nombre es Corina, corría el año de 1976, cuando por primera vez vi la luz de este mundo, nací un día soleado, en un campo donde vivían mis padres Andrés y María y mis dos hermanitos José y Jesús, nuestra casita era un paraíso en medio de una pradera poblada de verdes pastos y frutas silvestres; todo a su paso rodeado de muchas flores.
Mi nacimiento fue una gran alegría por ser una niña, lo que me hizo imprescindible para mis padres y la niña consentida de mis hermanitos. Para el día de mi nacimiento, mi casita se vio muy concurrida, la familia estaba en pleno esperando mi llegada, una vecina llamada Berta Gómez, que a su vez era comadre de mis padres, pues ellos fueron los padrinos de sus hijos, un par de morochitos muy traviesos, la señora Berta acompañaba al Dr. Federico Trujillo, en el acto de mi nacimiento; al caer la tarde llegó ese momento tan esperado por todos: nací yo, una niña linda, sana, robusta y muy llorona. Mis padres, mis abuelos, mis hermanos y los amigos estuvieron de festejo hasta muy tarde, felices por tener entre la familia a una niña tan bonita.
Tuve una infancia muy feliz, a medida que iba creciendo, mis padres trabajaban el campo, cultivaban sus coles y demás verduras, que luego las vendían en los poblados cercanos, tenían un par de vacas lecheras, un toro, una mula, dos burritos y una carreta con dos caballos donde llevaban las cosechas para su venta y también les servía para ir de paseo. Por las noches cuando terminaban las tareas del campo, se reunía con un grupo de trabajadores y vecinos para rezar y para cantar.
Poco a poco iba creciendo aprendiendo las costumbres de mis padres y hermanos, jugando y corriendo por los campos. En primavera solíamos salir a buscar nidos de pequeños pajaritos, o a pescar. Se llego el dio en el cual entramos en el colegio, yo tenia cinco añitos y mis hermanos 8 y 10, la escuela era una casita muy blanca que estaba situada al lado de la capilla, donde íbamos los días domingo a rezarle a Dios, el padre Juan era un señor canoso, muy amable y querido por todos, mi maestra, se llamaba Mercedes, era muy buena y bonita, siempre estaba muy triste por que su mamá se fue al cielo y la dejo solita.
Decía la gente que yo era muy buena y estudiaba mucho, siempre estaba preguntando cosas porque quería saber todo, estaba de primera en las notas y así seguí durante los años que siguieron a mi aprendizaje en ese escuela. Cuando se presentaban eventos y fiestas en honor al patrono del pueblo que era San Miguel Arcángel, se organizaban templetes y veladas, yo figuraba entre los alumnos que seleccionaban para cantar o declamar, me gustan mucho los poemas peo lo que más me gustaba era cantar, la gente decía que mi voz se parecía al trinar de los pajaritos y eso me llenaba de ilusión. Tenía muchas amiguitas en la escuela, especialmente Sarita, siempre estaba conmigo y me acompañaba en todo, juntas aprendimos a tejer, a bordar, a pintar y a tocar la guitarra y el piano, aprendimos a cantar en el coro de la capilla, Sarita también cantaba y a mi me gustaba cantar junto con ella.
Al terminar los oficios religiosos, nos reuníamos todos los compañeros de la escuela (veinte en total), y visitábamos a los enfermos y les llevábamos golosinas y flores, luego en casa, hacíamos las tareas del día siguiente en la escuela, yo tenia muy buenas notas.
Sin embargo, en mi infancia tuve algunos trastornos de salud, como fue la eruptiva que nos tocó a todos, una lechina que nos cubrió la cara de pequitas rojas que picaban mucho, mis hermanitos se burlaban de mi cara, mientras yo lloraba de dolor, también teníamos alergia por el polen de algunos árboles que desprendías pelusas y nos picaba la nariz. También sufrimos mucho cuando uno de mis hermanitos tuvo un accidente en el río, pues estaba pescando y se descuidó, se cayó y se lo llevó la corriente, me asusté mucho pero lo sacaron a tiempo.
Así seguía mi vida, plácida, cómoda, viviendo libre al aire puro, disfrutando esos paisajes maravillosos que nos brinda la naturaleza…Pero todo en la vida comienza y termina y finalizó la época de mi educación primaria y para completar mi aprendizaje, mis padres decidieron dejar el campo de su juventud y de su vida, debido a que enlas áreas rurales no era posible acceder más allá del nivel elemental de enseñanza, para instalarnos en la ciudad cercana, donde había escuelas y colegios superiores, allí podríamos completar nuestra educación, la cual nos capacitaría para enfrentar las situaciones de la adultez, como son la graduación, ser profesionales, el trabajo, las apetencias políticas, el matrimonio, la creación de nuevas familias, en fin, todos los recursos a lo que atreve el ser humano, de ese modo, mis hermanos y yo, comenzamos otro aspecto de vida… Ingresamos en colegios católicos, unos exclusivos para niñas y ellos en otro para varones y así continuar nuestros estudios.
A mi me inscribieron en un colegio católico para niñas. Y mis hermanitos fueron inscritos en un colegio católico para varones, al principio la confusión me embargó, pues el sistema era completamente distinto, pero ¡que ilusión! a los pocos días de permanencia me adapté y comenzó para mí, una vida fascinante, conociendo nuevas personas, participando en actividades desconocidas como eran los juegos intercolegiales, en los cuales pude intervenir, tratando de estar presente en todas las competencias, destacando sobre todo en natación (claro aprendí a nadar desde chica)…
En ese Colegio pude seguir mis estudios musicales y poco a poco se fue enriqueciendo mi voz, con tanta firmeza y dulzura que concursé en un evento que se realizó en mi colegio, el cual gané y obtuve una beca para el Conservatorio Musical de la capital, destacando mis facultades de soprano lírica. Continué con mis estudios normales hasta obtener el Titulo de Medico Veterinario, lo cual constituyó un orgullo para mis padres, pero yo no abandoné mi deseo de poder cantar ante un público numeroso.
Mis papás lograron contratar un local pequeñito, donde vendían toda clase de objetos de bisutería y lo relacionado con mercería y chucherías, mientras que mi abuela hacía tortas y mi abuelo, tenía un puesto donde vendía revistas y diarios… Poco a poco y con mucha tenacidad, pudimos salir adelante y graduarnos, mis hermanos son profesionales José es odontólogo y Jesús es Ingeniero de Sistemas.
Mi relación con la familia, inmejorable, pues a través de estos años aprendí que el ser humano posee dos grandes aspectos: el humano y el divino, es allí donde verdaderamente reside la espiritualidad. Comprendí que esto es lo esencial para mantenernos muy unidos. Nunca discutimos y menos por tonterías, cuando sospechamos que podríamos tener algún tipo de problemas, nos sentamos alrededor de la mesa y lo conversamos; cada uno expone su caso y su razón y entre todos, buscamos la solución, sabemos que no hay nada mejor que la comunicación entre las partes, para llegar a acuerdos acordes con el problema a tratar…. Así confirmo mi creencia de que seguimos siendo una familia feliz, humilde pero feliz…
Al iniciar mi vida de Veterinaria, logré instalarme en un pequeño local adaptado para atender a mis pacientes y un buen día, al recibir a un precioso gatito, conocí a su dueño, luego supe que era tenor y que estaba en la ciudad para presentarse en el Teatro Municipal con la opera Aida; mi alegría fue tan grande que no pude disimularla y le platiqué de mis ilusiones de cantar como soprano en alguna obra e inmediatamente él se encargó de llevarme de su mano e integrarme al elenco de su compañía. Al pasar el tiempo José Felipe se convirtió en mi esposo
Hemos tenido mucho éxito en nuestra carrera. Disfrutamos de presentaciones en grandes coliseos tanto en mi país como en el exterior. Hemos viajado por todo el mundo presentándonos en los mejores Teatros mundiales, hemos recibido muchos premios y sobre todo muchos aplausos que son los que verdaderamente enaltecen el arte en todas sus manifestaciones.
En todos nuestros viajes, nos acompañan nuestros hijos; Daniel y Daniela…