Bienestar
El humo de la quema de cauchos produce agentes cancerígenos
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Quemar cauchos, basura y colocar árboles de barricadas han sido algunas de las prácticas que más se han visto en todo el territorio nacional en estos días de protestas que sacuden al país. Y aunque los manifestantes consideran que esta es una forma efectiva de manifestarse, lo cierto es que tales acciones causan daños sanitarios y ambientales.

“No estoy de acuerdo con que se tumben árboles ni con que se queme basura por protesta. En Venezuela hay muchas razones por las que hay que protestar, pero no creo que quemar y tumbar árboles sea lo correcto. Cuando se quema basura estamos hablando de que de esa combustión se producen dioxinas, furanos, metales pesados, residuos sólidos de alto contenido tóxico y sustancias cancerígenas”, comenta Diego Díaz Martín, presidente de Vitalis.

Agrega que en un futuro estas sustancias pueden ser el desencadenante de ciertos tipos de cáncer en el organismo.

Señala que la combustión generada por la quema de basura y cauchos tiene presente elementos químicos como el mercurio y el cadmio que pueden producir daños permanentes en el sistema nervioso central, especialmente en bebés en gestación, al tiempo que logra alterar las hormonas de los seres vivos.

Díaz Martín indica que es imposible saber el daño ambiental que esta quema indiscriminada de desechos y cauchos le hace al medio ambiente debido a que no se sabe lo que se está quemando.

Igualmente, alerta sobre el uso de las bombas lacrimógenas. Su uso indiscriminado afecta las mucosas de las personas provocando lagrimeo, en muchos casos falta de aliento y hasta reacciones alérgicas.

El biólogo apunta que los gases lacrimógenos, hasta donde se conoce, no tienen efectos nocivos en la vida silvestre pero cuando son usados en exceso es muy probable que se tenga alguna consecuencia debido a que esos gases son químicos.

“En muchas partes del mundo las bombas lacrimógenas están prohibidas de acuerdo con la Convención sobre las Armas Químicas. Prohibición que se extiende a gases más peligrosos como el ciclón, mostaza o sarín. Recordemos que estos son considerados por Naciones Unidas como armas de destrucción masiva, y por ende objeto de prohibición.”

El presidente de Vitalis también comenta que ve con preocupación cómo las fuerzas del orden están utilizando unas granadas de sonido para reprimir a la gente y aunque acota que no las conoce, estas agregan un elemento adicional a la contaminación sónica que de por sí ya existe. (Vía)