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La losa de Wayne Rooney
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Una acción iniciada por Daniel Sturridge, continuada por el lateral Glen Johnson a un cuarto de hora del final del choque de Sao Paulo, acabó con la losa que pesaba sobre Wayne Rooney, negado ante el gol durante tres participaciones mundialistas.

El futbolista de Croxteh (Liverpool), de 28 años negaba una y otra vez que la falta de acierto en un torneo como este supusiera una obsesión para él. No pareció eso cuando batió a Fernando Muslera culminando la jugada que proporcionó el empate a Inglaterra en el Arena Corinthians.

Rooney explotó y gesticuló con rabia. Se quitó una losa de encima y, de paso, dotó provisionalmente de oxígeno, de vida, a su equipo en el partido, que acabó por abandonar agonizando en el torneo.

Es el alma inglés Wayne Rooney. El que más se aproxima a la condición de estrella que ilumina a los equipos mayores. Y asume con cierta naturalidad, con tablas, la presión que otrora más de un disgusto le causó.

Ahora ejerce como referente. A medio camino entre los veteranos a punto de terminar y los jóvenes que producen a Inglaterra ese aire fresco y esa regeneración necesaria a su selección.

Es Rooney uno de esos tipos que parece que toda la vida lleva jugando. Es su tercer Mundial Brasil y el infortunio le ha acompañado en cada uno de ellos.

Wayne Rooney fue sin querer motivo de debate tras la derrota contra italia. No por él. Por la decisión de su técnico. De hecho, reculó ante Uruguay Roy Hogdson que, cuestionado por las críticas tras la derrota ante el combinado transalpino, decidió alterar su dibujo. Nadie del plantel inglés había levantado la voz. Pero Hogdon no mantuvo la idea de continuar con Wayne Rooney tendido a la izquierda.

De hecho, el gol ante el conjunto italiano había llegado por esa vía. Con un centro del jugador del Manchester United que culmino Daniel Sturridge.

Soltó amarras Hogdson y dio a su ‘diez’ toda la libertad para moverse. Es por ahí por donde marca la diferencia el bloque británico en cuanto el balón sobrepasa la medular. Raheem Sterling, Danny Welbeck con Rooney y por delante Sturridge. A toda velocidad.

Nada evitó el nuevo fiasco inglés, al borde del precipicio otra vez. Sumido en el espíritu de la transición de su equipo es Inglaterra la eterna promesa sin cumplir.

Pero a Inglaterra ya no se la espera. La magnitud de sus equipos y el arraigo de su propia competición engordan cada vez las expectativas de un equipo nacional que siempre se queda a medio camino. Que conoce todas las maneras de perder. Y que sabe más de dramas que de éxitos.

Siempre parte como aspirante el fútbol inglés a pesar de que su selección carece de bagaje. Ganó el Mundial que organizó en 1966 y el cuarto puesto de Italia 90 ha sido su mejor resultado. Poco argumento para un país que presume de fútbol, considerado como peligroso en cada sorteo. En Brasil y al borde del abismo, su promesa tampoco parece que se vaya a cumplir. EFE