Economía
Cuba: Tortuoso y lento camino a un socialismo de mercado
Economía

Las reformas económicas emprendidas por Raúl Castro una vez llegado al poder en Cuba se han encaminado a terminar con la centralización estatal (que estaba en un callejón sin salida) e impulsar un socialismo de mercado, modelo que le ha dado buenos resultados a China y Vietnam. Pero especialistas en el tema coinciden: las modificaciones están tardando demasiado y al mandatario cubano se le acaba el tiempo…

Por: Rafael Croda / Revista Proceso / Foto: AP

El octogenario Raúl Castro, quien cumplirá este año una década como presidente de Cuba, ha resultado un gobernante mucho más pragmático de lo que sus adversarios políticos creían.

Y no es que se hayan equivocado los “cubanólogos” que desde Florida y Washington lo catalogaban como un marxista ortodoxo, sino que por encima de su sello ideológico comprendió que el modelo cubano de economía centralizada estaba agotado y debía emprender un camino de reformas.

Según economistas consultados por Proceso, así lo ha hecho desde el 31 de julio de 2006, cuando su hermano mayor, Fidel, el líder histórico de la Revolución Cubana y presidente de Cuba hasta ese día, lo designó sucesor antes de ingresar al quirófano para ser sometido a una compleja cirugía intestinal en la cual casi muere.

Aunque Raúl se declaró al principio un continuador, más que un reformador, en los hechos se dio a la tarea de enfrentar los rezagos de la economía cubana con una fórmula que él mismo denominó “transformaciones estructurales y de concepto” o “la actualización del modelo socialista”.

Cuba venía de un arduo proceso de recuperación. Entre 1990 y 1993, el producto interno bruto (PIB) había experimentado un desplome de 40.1% por la caída de la Unión Soviética, que había sido el principal socio comercial y cooperante de la isla durante las anteriores tres décadas.

Fueron los años del llamado “periodo especial”, en el cual la gran mayoría de cubanos pasó hambre.

Apenas en 2005, 12 años después del desplome económico, Cuba logró recuperar el PIB que tenía en 1989. Cuando Raúl se hizo cargo del país, los avances de la Revolución en educación, salud y equidad social se habían revertido de manera importante.

Pavel Vidal, doctor en economía por la Universidad de La Habana, dice a Proceso que en la actualidad el poder adquisitivo de las familias cubanas que dependen del aparato estatal –72% del total– equivale a una tercera parte del ingreso que tenían en 1989, antes del derrumbe del bloque socialista soviético.

Las reformas

De acuerdo con Vidal, profesor en la Universidad Javeriana en Cali, Colombia, luego de asumir la presidencia de Cuba, Raúl Castro inició una serie de ajustes orientados a fortalecer el sector no estatal de la economía. Su hermano Fidel, que en los noventa abrió el sector turístico y las telecomunicaciones a la inversión extranjera, había vuelto en 2004 a las prácticas centralizadoras.

En el sector agrícola Raúl otorgó en usufructo 1.7 millones de hectáreas de tierras ociosas a más de 200 mil ciudadanos privados que tienen acceso al crédito, aunque en forma limitada. Fue una forma de reanimar la agricultura en un país que importa más de 2 mil millones de dólares en alimentos cada año, casi 40% de sus exportaciones de bienes.

Y en los centros urbanos comenzó a surgir un pequeño sector privado por el auge de los trabajadores “por cuenta propia” autorizados por el gobierno, los cuales llegaron a 496 mil 400 en enero pasado, equivalentes a 9.9% de la población económicamente activa (PEA).

Ellos son propietarios de pequeños negocios, como restaurantes –conocidos como “paladares”–, transportadoras de carga y pasajeros, arrendamiento de viviendas y habitaciones, peluquerías, reparadoras de calzados y sastrerías.

La meta oficial era llegar en 2015 a 1.8 millones de trabajadores por cuenta propia, lo que fue imposible de alcanzar por el excesivo burocratismo y los requisitos para expedir las licencias, entre ellos el de registrarse para pagar impuestos.

El economista cubano-estadunidense Carmelo Mesa-Lago asegura a este semanario que esa cifra de 1.8 millones es igual al número de trabajadores que sobraban en las empresas del Estado, pues a costa de lograr el empleo pleno, el gobierno creó plazas que llegaban a duplicar las que requería una entidad pública, lo que ocasionó un desplome de la productividad y los salarios.

A partir de 2011 el gobierno comenzó a despedir a empleados innecesarios –que equivalían a más de la tercera parte de la PEA– y su objetivo era que fueran asimilados por el incipiente sector privado que se abre paso en el campo y en la ciudad.

Pero de acuerdo con Mesa-Lago los despidos cesaron porque el sector no estatal no ha crecido como se esperaba.

Aunque existen unas 500 cooperativas no agropecuarias y unos 13 mil pequeños negocios de gastronomía y servicios personales que el Estado arrienda a privados, la tercera parte de ellos está fuera de operación por falta de insumos.

“Una cooperativa de construcción necesita andamios, madera, herramientas, y si no encuentra eso no puede funcionar. Hay muchas insatisfacciones por la falta de insumos y por las dificultades de las microempresas para importar”, dice en entrevista vía telefónica Omar Everleny, investigador y profesor del Centro de Estudios de la Economía Cubana de la Universidad de La Habana.

En las ciudades ya operan mercados privados de productos agropecuarios que fijan sus precios de acuerdo con la ley de la oferta y la demanda. Hasta ahora son poco accesibles al grueso de la población, pues el salario mensual promedio para los empleados estatales equivale a entre 20 y 30 dólares.

El gobierno, además, autorizó la compraventa de viviendas a precios de mercado entre cubanos y extranjeros radicados en forma permanente en la isla y liberó la compra de materiales de construcción, a los cuales les retiró el subsidio.

Esto fue un intento de abatir el déficit habitacional, que se estima entre 600 mil y 1 millón de casas. Pero los bajos ingresos de la población, los trámites burocráticos, la falta de materiales y la prohibición a los arquitectos de ejercer por su cuenta limitan el desarrollo de la construcción privada.

Lento crecimiento

Otra señal de apertura de Raúl Castro es la Ley de Inversión Extranjera, la cual entró en vigor en junio de 2014 y es más flexible que la de 1995.

 

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La nueva legislación extiende la inversión extranjera a todos los sectores, excepto a la salud, la educación y las fuerzas armadas; exime el pago de impuestos sobre ingresos personales y fuerza de trabajo y el de utilidades durante ocho años, y permite la creación de empresas con 100% de capital extranjero (antes el máximo era 49%).

Como parte de esa estrategia de apertura, el gobierno cubano creó hace dos años y medio la Zona Especial de Desarrollo Mariel (ZEDM), una zona franca localizada en el puerto de Mariel, 50 kilómetros al oriente de La Habana, cuyo objetivo es convertirse en un polo de desarrollo económico, innovación tecnológica y atracción de capital.

Pero de 400 proyectos presentados por empresas nacionales y extranjeras que quieren invertir en la ZEDM, el gobierno sólo ha aprobado 11. Uno de ellos es el de la ensambladora de tractores Cleber, que será la primera empresa estadunidense en llegar al país tras la reanudación de relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos.

Everleny considera “incomprensible” que sólo se hayan aprobado 11 proyectos en Mariel, todos por montos modestos, y se pregunta cuándo podrá llegar Cuba, a ese ritmo, a los 2 mil 500 millones anuales que necesita en inversión extranjera directa. “Sin inversión y sin producción nacional el país no va a avanzar a los ritmos que necesita”, señala.

En el último lustro la economía ha crecido a una tasa anual promedio de 2.7%, cifra modesta para una nación socialista que aspira a generar riqueza para repartirla en forma equitativa entre su población y que ha visto deteriorarse significativamente su sistema de seguridad social por restricciones presupuestales.

De hecho, el ritmo de crecimiento está muy por debajo del 4.4% anual que había puesto como meta el Partido Comunista de Cuba (PCC) –organismo cúpula que formula las líneas estratégicas de conducción del Estado– durante su V Congreso, en abril de 2011.

Para Vidal, las reformas emprendidas por Raúl Castro han producido “cambios positivos, pero éstos han sido muy graduales e insuficientes”.

Dice que su principal efecto ha sido que lograron crear un sector no estatal que en la actualidad emplea a 28% de la fuerza laboral cubana, pero ese porcentaje está 12 puntos por debajo de la meta oficial para 2016.

“Hay un cambio importante en la estructura del empleo y de los ingresos, pero todavía hay un porcentaje muy alto de la población (72%) que depende de los subsidios y los salarios estatales”, indica el profesor visitante en la Universidad de Harvard y autor del estudio Fuerza laboral y cambios económicos en Cuba.

Ese segmento de población completa su sustento con las remesas que envían sus familiares desde el exterior, las cuales superan los 2 mil millones de dólares al año.

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