Editorial
Editorial: ⁠⁠⁠Encuentros y encontronazos
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Está marcada en el calendario la fecha del inicio de conversaciones entre el gobierno y la oposición, gracias a que la insistencia de la comunidad internacional en el diálogo es fuerte y creciente y nadie quiere quedar como el malo. Es notorio que casi todos los factores de poder internacionales insisten en la necesidad de fraguar el pechugón, aunque esté lleno de dificultades. Cómo siempre en este tipo de encuentros entre adversarios, hay muchos elementos en contra que juegan a impedirlos o hacerlos fracasar. La opinión simple suele ver las confrontaciones políticas como un suma cero, según se decía en las teorías de los ochenta: aplastar al adversario y no rebajarse a hablar con él aunque eso no suele ocurrir en la realidad. Parte del público considera que conversar, buscar acuerdos con adversarios es un acto de debilidad o en el peor de los casos de traición.
Es comprensible porque deviene tan grande la cauda de ofensas, resentimientos y odios acumulados que resulta perfectamente humano abrigar esos sentimientos, como se aprecia en la política de nuestro vecino más cercano. El gobierno de Santos, con el aval de la comunidad internacional, negocia con genocidas para terminar el desangramiento de su país ante el rechazo de parte de la sociedad colombiana que justificadamente desearía la destrucción militar de las FARC. Las posibles negociaciones en Venezuela están marcadas por dos elementos esenciales. Uno es que recientemente se produjeron los ascensos castrenses y ya no competirán los altos oficiales a ver quién da las declaraciones más destempladas contra la oposición, para ganar puntos. El general Reverol creyó que con vejar a Henry Ramos Allup en el aeropuerto podía dar el toquecito necesario para meter gol, pero la advertencia de los gringos sobre un personaje marcado hizo que Maduro desistiera.
Sedados los oficiales luego del 5 de julio es previsible que haya menos ruido en las hipotéticas conversaciones. Otro factor de riesgo es el referéndum revocatorio este años 2016, porque significaría el derrumbe del gobierno sin ninguna capacidad de negociación. En ese escenario, barridos, aplastados, su duro camino sería resistir la posible embestida de los factores más duros de la oposición. De resto los condicionantes del diálogo son racionales: incorporar facilitadores designados por la oposición, acordar la o las sedes de la conversación conjuntamente, cosas perfectamente aceptables, aunque antes se desplegó una campaña contra Rodríguez Zapatero cuyo propósito no era torpedearlo a él, sino impedir el posible encuentro. En notas de prensa sin autor y de fuente anónima, en el más ortodoxo estilo chavista, se dijo que él expresidente habría “vetado” dirigentes opositores cosa que está muy lejos de sus posibilidades.
Los duros del lado del gobierno, igualmente trabajan a fondo. Tarek Al Aissame ejerce una especie de Vicepresidencia de la República alterna desde PDVSA, y radical cómo suele ser trabaja día y noche “para salvar la revolución” de cualquier posible acuerdo. Frente a él un Maduro debilitado, confuso, aterrado frente al futuro, no puede hacer nada. Los consejos de Fidel Castro le fallaron. Y Raúl no tuvo empacho en reconocer que los incumplimientos de Venezuela, lo que connota el terrible reconocimiento de que las cosas en la antigua Cubazuela se vienen abajo.