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Editorial :AN vs Gobierno: se escala el conflicto
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Según fuentes creíbles, el TSJ convocó una reunión el viernes en la tarde para discutir las últimas acciones contra la Asamblea Nacional, una vez que esta incorporó a los tres diputados de Amazonas. En una situación de parálisis institucional por el choque de la Asamblea contra el gobierno y organismos apendiculares del PSUV (CNE, TSJ, Fiscalía) que lleva varias semanas, la decisión de la AN escala el conflicto y ahora sabremos si el Tribunal dobla la apuesta. Según los rumores vendrían (¿) encarcelamientos y otras sanciones por desacato, en esta aberrante supresión del Poder Legislativo propia de gobiernos de facto. Estarían pautadas las detenciones de Ramos Allup, Enrique Márquez y Simón Calzadilla. El análisis estratégico consiste en que cuando uno de los rivales en confrontación da un paso, tiene tiene claros cuáles serán los posibles efectos, y la respuesta de su contrincante.
La oposición parte de que el rechazo al gobierno es creciente, como consecuencia del desastre económico, y por lo tanto que el tiempo está contra él y se debe mantener la tensión política, e intensificarla para doblarle el brazo y obligarlo al revocatorio, el break down del gobierno, gracias la presión nacional e internacional. Lo podría desencadenar un acontecimiento inesperado, un impromptu, un cisne negro- como el juicio de los narcosobrinos- algún evento fuera de lo previsible como los vladivideos de Fujimori. En contra de ese esquema de jaque mate, juegan otros elementos necesarios de analizar. El primero es que el gobierno sabe que cualquier escenario, cualquiera, es preferible al revocatorio este año pues a una rendición sin condiciones vendrán contra ellos todas las furias acumuladas, la factura por sus desmanes, después de haber destruido la vida de los venezolanos.
Ese panorama asociado al RR-2016 les debe parecer-con razón- aterrador y sería preferible apara ellos hasta un golpe de militar o una guerra civil, en incluso la imaginaria invasión extranjera. Naciones y organismos internacionales saben eso y también dudan de la conveniencia del RR-2016, porque saben que una cacería de brujas lo único que asegura es inestabilidad. La experiencia mundial enseña que los procesos de transición exitosos son los que nacen producto de negociaciones, de garantizar posiciones e inmunidades a los derrotados. En Nicaragua y Chile, por nombrar solo dos muy cercanos, el triunfo electoral se pudo materializar en cambio político gracias a la negociación, al entendimiento de contrarios. Si se examina el largo proceso de transición a la democracia en el planeta, que se inició en los años sesenta, se confirmará este planteamiento: triunfaron aquellas donde se pactó.
Donde se quiso imponer una parte sobre otra, vinieron cadenas de desventuras, golpes, secesiones y resentimientos históricos. El gobierno sabe que lo que debe hacer es perder el tiempo de los otros y está dispuesto a hacerlo. Es posible que la oposición haya comenzado a perder lustre ante poderes democráticos internacionales que saben mucho de política y terminan escépticos frente a la negación del diálogo. Suenan infantiles comportamientos que nacidos de alguna rivalidad extemporánea, que se contraten periodistas para desacreditar a los mediadores internacionales y a dirigentes que defienden el diálogo y las emocionalidades que cierran las puertas a lo que todo el mundo quiere en todas partes (incluso Cuba): que Maduro y su epidemia de destrucción se vayan del poder, pues son un terrible factor de contaminación para el área.
Ya Daniel Ortega se copió e hizo al Tribunal destituir parlamentarios de la oposición en su país. El objetivo no es el revocatorio este año, sino lograr un gobierno de transición, de entendimiento nacional, en el que deben participar los chavistas, una vez libres de Maduro y su rosca. Si se produjera un acuerdo a tres y se le dieran inmunidades pertinentes a los factores, eso podría ser. Lo que no parece en el horizonte es una perspectiva favorable sin llegar a acuerdos previos entre la oposición el chavismo y los militares.