Editorial
Editorial: ¡Becerro!
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Es imposible olvidar la genial actuación  de Hugo Ganz  como Hitler en El Hundimiento (en otros países hispánicos se llamó La Caída) película que aclara una zona oscura de la Historia para la opinión masiva: cómo fueron esas últimas incidencias del monstruo, ya hechos añicos sus macabros delirios de grandeza. También la sicología de los dictadores, que suelen ser, sin excepción, bellacos. Lo último que hizo, antes de internarse en el bunker-tumba de la Cancillería, fue pasar revista a uno de esos delirantes batallones de niños y ancianos creados por él para “la defensa de Berlín”.
El 20 de abril de 1945  celebraba los 56 años con un  pequeño grupo de colaboradores. Dos generales del Alto Mando le informan que el ejército soviético estaba a 12 kilómetros y que era necesario negociar con los aliados una salida para evitar más destrucción de la ciudad y muerte de civiles. Con una lógica que nos recuerda lo que ocurre hoy en Venezuela, donde la pandilla en el poder destruye todo antes de irse, Hitler declaró la línea de tierra arrasada.
Antes de retirarse por el avance enemigo, los alemanes deberían quemarlo todo, fábricas, huertos, fincas, animales, casas, vehículos. Y sobre el asunto de las víctimas inocentes afirmó rotundamente que si no tenía capacidad para la grandeza, al pueblo alemán deberían exterminarlo. Lejos de diplomacia o diálogo  (aunque Himmler intentaba a escondidas un acuerdo con Eisenhower) Hitler y Goebbels dejaron muy claro (igual Istúriz y Cabello) que preferían la muerte, como ocurrió, antes que cualquier negociación.
Joachim Fest subraya en el libro y la película es fiel, la pérdida de sentido de la realidad del führer. Pese a tener la cabeza llena de Valquirias y nibelungos y de haber sido siempre un delirante constructor de utopías, por otra parte tenía un genial sentido para la política práctica criminal, lo que lo llevó a la cima del mundo. Ahora había perdido esa virtud y desvariaba en la movilización de batallones inexistentes, oficiales que ya estaban muertos y cuando los generales se lo decían, gritaba traición y sentenciaba fusilamientos.
A la revolución podrida se le aflojaron todas las tuercas con la manifestación del 1-S,  la brutal marea represiva contra persona que se sabe inocentes y por el triste papel del cuestionado Ministro del Interior, en la comedia que representó con un fusil de francotirador y “bastante munición”, como decía Hugo que debía estar provista la población venezolana (qué triste que no está entre nosotros para que vea su “legado”)
¿Van a hacer bueno lo de Patria o Muerte? ¿Van a hacer algo para enfrentar la crisis o seguirán tratando de matar el país?¿Renuncia Maduro?¿Convocan un gobierno de transición? No puede hablarse de que den dar un golpe porque han dado muchos y gobiernan sin la constitución y con los militares? Por último lo de Villa Rosa es inenarrable, indescriptible, insólito le quitó cualquier gota de respetabilidad a su investidura. Y el grito final de la gente que lo perseguía en su huida: ¡becerro!