Editorial
Editorial: Burlarse de la desesperación
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Maduro declaró que cualquier camino que tome la Asamblea Nacional para retirarlo del cargo es políticamente inviable pese a que están todos dentro la Constitución. Ningún gobierno que se fingiera democrático podría dejar escapar estas palabras. Un poco de pudor para cubrir las formas, la hoja de parra, lo haría esperar a ver si los interesados en un RR, enmienda, constituyente o declaración de abandono del cargo, cumplen con los requisitos establecidos por la Constitución, aunque fuera de mentira. Así la instancia correspondiente podría dictaminar si procede o no el recurso, aunque sea una simulación de orgasmo. Para cualquier observador como el Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos y otras instancias internacionales que se ocupan del caso venezolano, casi es ofensiva la evidencia de que el fulano TSJ no es más que un bufete del PSUV. Se esperaría una actitud menos pornográfica.
Pero Maduro se considera impune, gobierna de facto y ya sin formalidades –que poco las respetó siempre-y quiere desmoralizar a la enorme masa de venezolanos que viven desesperados por los efectos de su revolución. Jugar con la desesperación tiene costos humanos estremecedores, pero a los revolucionarios no les importa y más bien les divierte. Cada vez las colas para conseguir alimentos son más largas e infructuosas y muere más gente por falta de medicinas. En este trimestre han fallecido más de cien niños en el país por esa razón. No se puede dudar que hay un acuerdo con el hampa para dejarla que mate libremente y el gobierno no se meta con ellos, aunque no se sabe a cambio de qué, porque van más que quinientos militares, guardias y policías asesinados. Pareciera que nos espera un destino como Siria, o Libia, también revoluciones, en las que el genocidio ya es parte del paisaje o Haití.
Apelar a la Carta democrática de la OEA sería poco menos que una ingenuidad, ya que las sanciones que ella contiene aislarían al país que las recibiera, más bien para complacencia del dictador. Tiene que ser así porque no aparece otra lógica. El gobierno no hace nada para enfrentar la agonía del país, no da síntomas de querer hacer algo y ni siquiera pareciera que les preocupa el asunto. Es bastante probable que los revolucionarios venezolanos se inspiren en el ejemplo de Al Assad, que parece demostrar que, en algunos casos, se puede tener una dictadura que mate cientos de miles y mantenerse en el poder. Se comenta que sectores del PSUV pugnan por suspender la elección de gobernadores y es necesario emprender una campaña a fondo en cada estado para enfrentarlo.