Editorial
Editorial: Cabecita loca
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Al parecer los expresidentes Zapatero y Leonel Fernández vinieron al país a salvar la cara de la rosca,  en un momento lamentable. No se ha dicho a ciencia cierta quién los designó para eso, ni tampoco por qué el ex presidente Torrijos estuvo y no estuvo, o no estuvo estando o estuvo sin estar. Por las  declaraciones del primero, en las que trata de involucrar a los norteamericanos en el hipotético diálogo, y del segundo, que habló de guerra económica, se ve que  vinieron a ayudar a la rosca Maduro-Cabello-Jorge-Tibisay-Luisa-Gladis-Cilia-Jaua-Héctor. Una transfusión para una familia aislada y en cruel agonía. Lo que no se entiende es que desde el otro lado no se propongan figuras globales con una actitud menos cuestionable, sobre todo cuando la Internacional Socialista está a la orden para mediar.

Como los enemigos de la oposición  pululan como chipos en un caucho abandonado ya un exfuncionario de poca vergüenza y mucha corrupción del gobierno de Caldera “descubrió” un manejo turbio de la MUD en la visita de los expresidentes. Lo cierto es que la Unidad tendría que plantear un diálogo en serio con el gobierno, con mediadores que representen a todos y sin condicionamientos previos que lo hagan imposible (la OLP proponía para dialogar que se nacionalizaran previamente las empresas petroleras americanas en todo el Oriente Medio) Naturalmente no esta trampa. Y los tuiteros con malderrabia que “no negocian con dictadura” hay que llamarlos  a pensar en nuestros presos políticos, muchos de ellos torturados y hoy con las esperanzas menguadas. Es muy fácil ser héroe con el pellejo de otro.

Un paso tan complejo y serio – si se hizo en serio-como solicitar la aplicación de la Carta Democrática de la OEA al gobierno de Maduro, debería haberlo precedido un debate entre personas calificadas y con conocimientos y experiencia, o por lo menos un debate a secas. Quienes lo presentan, para no incurrir en actos de cabecita loca, tendrían que haber hecho lobby con los gobiernos  y tener un mapa claro de con qué respaldo se cuenta para eso. Al parecer no fue así, o por lo menos si fue nadie lo sabe y es posible que sea un acto alegre o simplemente publicitario, sin destino, como muchas cosas que hacemos.