Editorial
Editorial: ¿calle o callejón sin salida?
Editorial
Hay gente que no aprende de la experiencia, otra que si aprende y una tercera que lo hace pero finge que no, por intereses  lamentables. Varios dramas desde el 11 de abril de 2002 hasta febrero de 2014, enseñaron en Venezuela las implicaciones de  ese mito mentecato de (“calle, calle y más calle”) inventado en libros de autoayuda política que se bajan de internet. Debe decirse de manera clara: es un sin sentido irresponsable que “las masas en la calle” pueden derrocar los gobiernos. Cualquier ejemplo que se cite en contrario deberá partir de que manifestaciones que fueron exitosas para esos fines formaron parte, consciente o inconscientemente, de mecanismos parlamentarios con apoyo de la institucionalidad militar, de los que apenas fueron la espoleta.
Si algún aporte dejó Chávez para la reflexión política con el paro petrolero, es que las grandes demostraciones pueden no servir para objetivos de transición, o  sirven poco, y con demasiada frecuencia ocasionan desgracias en los movimientos populares. Por fortuna varios partidos de la MUD: Primero Justicia, Acción Democrática, Un Nuevo Tiempo-Voluntad Popular de alguna manera- decidieron superar el síndrome de enviar gente a jugarse la vida en pos de objetivos irracionales, y entraron en el diálogo con el gobierno. No se trata de objetar las  movilizaciones porque son un mecanismo natural de protesta y este año hubo alrededor de 6000 que expresan las necesidades de la gente por medicinas, comida, inseguridad.
La MUD decidió negociar con el gobierno, con gran valor, frente a la oleada histérica de grupos cuyo único y permanente  propósito es hacerla fracasar. Alimentan la libélula vaga de surgir, como los hongos, de la descomposición de otras especies. Alguien  convenció a los radicales de la oposición de que no importa que la gente no los acepte, ni simpatice con ellos, si contribuyen a la derrota de la MUD y ellos resurgen de las cenizas. Por fortuna ahí estarán siempre sus testimonios de irresponsabilidad, torpeza, mezquindad o mera incompetencia política. Atrapados en la trampajaula del RR, algunos quisieron levantar una nueva ilusión de “salir a la calle” para derrocar al gobierno –manía que se agota más rápido que un fósforo- sin procesar el desastre que ellos mismos promovieron en 2014.
Obviamente después de dos grandes marchas en septiembre y octubre 2016 que cumplieron sus objetivos de movilización, venía en sus mentes el remate del librito, la toma del poder, la marcha a Miraflores, aunque que podía costar vidas inocentes, pero en su confusión mental  y su maquiavelismo de bolsillo, insistieron. La situación se tornó sin escape después de la segunda marcha, y  la propuesta de “toma de Miraflores”, alarmó a la comunidad internacional,  que olía de nuevo el aroma a sangre en las inmediaciones de Puente Llaguno, y propuso el diálogo entre las partes, como en todo conflicto desde que Caín mató a Abel. Hay que dejar claro este mecanismo de razonamiento para eludirlo siempre.
Tenemos un mal vecino, agresivo, cinta negra en artes marciales cuya casa está llena de ametralladoras y guardianes, y un amigo nos invita a arrojarle piedras. Le decimos que no haga eso porque el mal vecino está armado, y el proponente, en consecuencia, nos llama cobardes, cómplices, entreguista, y se va solo a cumplir su tarea. Regresa, como le advertimos, fracasado, apaleado -y además, le pincharon los cauchos de carro-, pero acusándonos de que se debió a que no lo apoyamos. Culpar de su desastre a quien le dijo que marchaba al desastre. Hay que seguir la ruta democrática, leer otras cosas además del librucho de Sharp, que tanto daño intelectual y político ha hecho.