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Editorial Dossier33: Nadie quiere vivir en peligro, mi General
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Según ONG especializadas en el primer trimestre de este año van ciento sesenta militares y policías muertos por ataques criminales en todo el país y la cifra -afirman- ya alcanzó la de 2015 completo. Es decir, en dieciséis meses hemos perdido tres cientos veinte militares y policías, y más de 25 mil civiles en medio de las más asombrosas abulia, indiferencia, inacción e ineptitud del gobierno. A tal extremo que pareciera que los funcionarios del Estado se hacen los locos frente al asunto para no molestar a las megabandas. Las dejan trabajar tranquilas -se puede pensar- para que liquiden militares y no burócratas gubernamentales. El Ministro Padrino declaró que esos crímenes los cometen paramilitares vinculados a un sector político.
Su afirmación es irrelevante, en primer lugar porque todo el mundo sabe, y los propios militares más que nadie, quienes son los que matan, y si fuera cierto sería peor para quien declara ¿Cómo es que si el señor Ministro sabe quiénes son los asesinos de sus colegas, no actúa para detener la sangría? Si no puede resolver ese problema… ¿cómo es que va a hacer frente a la invasión de miles de marines que anuncia el gobierno cada rato? La estatura promedio de un marine es de 1.85 m. de estatura está armado hasta el meñique, no como esos enclenques adolescentes atracadores hechos en revolución.
El punto es que todos los militares y el país saben quiénes está matando a los soldados, policías y civiles, porque andan por la calle, llevan los muchachos al colegio y van al mercado, cosas que comprensiblemente no hace el Ministro Padrino por su jerarquía. Los que matan militares y civiles son las bandas y megabandas, para quitarle las armas a los funcionarios e intimidar a la institución, hacerles sentir quién tiene el control, lo que debiera ser la preocupación principal del Ministro de Defensa. Recientemente el cabecilla de un poderoso gang, “Lucifer”, le declaró la guerra al gobierno.
Lo grave de su declaración es que precisamente el jefe a la fuerza armada, el que tiene que velar por la integridad de sus dirigidos, revela que tampoco va a hacer nada para frenar la matazón de uniformados y ellos tendrán que seguir viviendo en el terror, escondidos, sin portar credenciales, cuando en la democracia siempre tuvieron protección y respeto. Esto ocurre como consecuencia del socialismo que se propuso desde el principio debilitar las fuerzas armadas y crear milicias, desorden, caos, como siempre los dijeron sus impulsores. El ministro denunció un golpe militar en proceso, dirigido por el general García Plaza.
Sobre eso la respuesta podría ser un refrán, de las decenas que hay sobre situaciones similares. Caimanes de un mismo charco no se tarasquean, cría cuervos y te sacarán los ojos, no hay peor cuña que la del mismo palo, al que lo mordió macagua bejuco le para el pelo, etcétera. Todos los golpistas verdaderos, no los de propaganda, son desprendimientos bolivarianos con los que la oposición no tiene nada que ver y por algo será. Lo que si es indiscutible es que los militares están al borde de un ataque de nervios, porque al gobierno sus vidas les importan menos que un ronquido del Picure, el radicalismo los insulta y la oposición política los ignora.
El gobierno se disuelve como las reses ahogadas en los jagueyes durante el invierno, agusanado y pútrido, y estamos obligados a no dejar que envenene el agua y produzca a una peste. Está sitiado por un ejército civil con hambre y sin medicinas, como lo demostró la recolección de firmas a propósito del Referendum Revocatorio. Esperemos que no haya castigos contra los militares y policías que firmaron para salir constitucionalmente de la pesadilla. Nadie desea violencia así como nadie sabe qué puede venir si eso se maneja mal. Nadie quiere muertos, ni heridos, ni más desgracias de las que trajo la revolución. Nadie quiere vivir en peligro, mi general.