Editorial
Editorial: El cadáver que nunca murió…
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1. La revolución bolivariana es una crema licuada de lo peor de lo peor, lo peor del socialismo con lo peor del capitalismo. Practica el más feroz ajuste que se recuerde en Latinoamérica. Ni en Bolivia, Argentina, Perú y Chile donde las medidas de estabilización de los años 80 fueron las más radicales del continente, hubo algo tan violento. En Venezuela, para poner un ejemplo que repite en varios otros rubros de la dieta básica, el kilo de Harina Pan pasa de costar Bs 10 a 2500 en el mercado informal, es decir que vale 250 veces más. Con lo que cuesta hoy un paquete, se compraban 250. Quienes hablaban de capitalismo salvaje, neoliberalismo y otros horrores, difícilmente podrán concebir cómo esto ocurre en un gobierno que nació con la declamatoria de redimir a los pobres de la opresión que significaba el sistema democrático.
Ni Pinochet estableció un yugo tan implacable sobre los pobres. Pero lo que ocurre aquí tiene un mega agravante. Los ajustes de los 80s, con el apoyo del FMI, eran parte de un conjunto de políticas para bajar radicalmente la inflación y al mismo tiempo impulsar el crecimiento económico, el empleo y normalizar la vida de los países. Los resultados se sintieron a corto plazo, la región comenzó a crecer y se estabilizaron sus democracias.
El ajuste de precios en Venezuela no tiene destino, sino repetirse el año que viene, porque no hay medidas de cambio estructural lo que significa que el mismo paquete de harina de maíz posiblemente el año que viene cueste 5.000 bolívares. Tenemos una inflación desatada, o una hiper inflación, y de hecho muchos precios están por encima del mercado internacional, porque hay que añadirles la escasez. Como el gobierno hizo este ajuste inhumano, porque su incompetencia lo hace actuar de rebote y sin estrategia, un nuevo gobierno el próximo año podrá dedicarse a la reforma para restablecer los equilibrios macroeconómicos, sin que estos afecten demasiado a la gente.
2. Afortunadamente se pudo frenar la ofensiva anti-MUD que venían cocinando desde que los trámites para el RR se complicaron. Se inició una cadena de calumnias según las cuales “la Unidad se había vendido” en unas conversaciones dolosas “a espaldas del país”. Los partidos asumieron bien el impacto de las declaraciones del CNE y eso contribuyó a ahuyentar los zamuros que se preparaban para darse gusto con el cadáver que nunca murió.
Mantener la decisión de recoger las firmas pese a todo, para este año o el que viene, fue una decisión correcta y hay que tratar, en la medida que sea posible, -no es fácil- bajar el tono apocalíptico del debate. Se corrió un simplismo que rápidamente tendió a convertirse en verdad revelada: si el RR es en 2017 no sirve “porque se queda el Vicepresidente” y todo el mundo tranquilo y contento. Pero ya los revolucionarios empiezan a decir que “no habrá tampoco el año que viene”. Con eso revelan su pánico porque saben que una montaña millonaria de votos para que Maduro pase a la oposición debe desencadenar un proceso de transición, en virtud de que los propios rojillos quieren quitarse de encima el peso muerto del actual Presidente. El RR el año que viene será para iniciar el cambio profundo de un gobierno que agoniza. La propuesta de rechazar las decisiones del CNE por inconstitucional es absurda porque deja a la oposición en un limbo ya que tampoco hay elección de gobernadores este año.