Editorial
Editorial: El calabozo
Editorial

Lentamente la opinión colectiva despierta de un sopor pesado e inquieto. Estira los miembros adoloridos y reconoce las cosas a su alrededor. Hace una semana que se realizó la decisión de los grupos de poder y la ciudadanía se abstuvo masivamente. Después de dos años de brutales errores políticos, en los que sacrificó todo lo logrado en 10 años, la MUD remató la faena. Dos años erráticos, de actuación infantil y descontrol total en las reacciones y decisiones de ese grupo, que se consumaron en un fracaso terrible, cuyas consecuencias aún no se han medido.
La conciencia ciudadana retrocedió a niveles ínfimos y triunfó la antipolítica nuevamente. Se impusieron criterios primitivos como la no participación, la inutilidad del voto, la suciedad de cualquier negociación, “la dignidad” como categoría política, etc. La MUD se puso a la cola de la negación del oficio político y creyó que con eso se ganaba la simpatía de quienes volvían a las consejas y prejuicios suicidas con respecto al voto y posiblemente tenga la ilusión de que ese deseo se cumplió. Se sumó a la turba que linchó la racionalidad política y quiso aparecer a la cabeza de quienes pegaban más duro con el garrote.
Pero se dejó de votar precisamente por decepción, por desprecio a los políticos, y porque una poderosa maquinaria nacional e internacional se dedicó a difundir que, de alguna manera, esa era una salida para “deslegitimar” al gobierno. Muchos, más de los que pueden imaginarse, creyeron y creen que “la comunidad internacional”, léase una invasión de alguien, pondría fin a la pesadilla, aunque parezca mentira que tales cosas puedan habitar la cabeza de un adulto. Los partidos, incluida la MUD, son en este momento las instituciones menos apreciadas por la ciudadanía.
Pese a los encubrimientos, esa ciudadanía sabe que no cumplieron, no tuvieron capacidad para hacer sus tarea efectivamente, y no sé cuál será la manera de superar semejante situación. Después de la elección no pasa nada, al gobierno le importa un rábano que lo llamen ilegítimo y por algo es una dictadura. Y una importante parlamentaria de Florida, representante tradicional de los sectores más radicales del anticomunismo, declaró que una intervención norteamericana en la región “era cosa del pasado”. Lo que se perfila es, como se dijo, un nuevo período de seis años de Maduro, que son tiempo suficiente como para que él y su entorno decidan si su plan tiene como modelo a China o a Corea del Norte.
Ahora vendrá desde los opositores la política de hacerse el loco, hablar de otra cosa, como hicieron los dos años anteriores, para que nadie se dé cuenta de lo que hicieron. Si el gobierno de Maduro logra estabilizar la economía de manera que las muchedumbres migratorias dejen de ser un peligro para los países del área, lo previsible es que poco a poco baje la presión de la comunidad internacional. Y este personaje, la comunidad internacional, que no es otra cosa que un grupo de países, está cada vez más convencida en los pasillos de que la tragedia de la oposición venezolana es de incompetencia.
Los grupos de poder nacional, en su ceguera, gastaron enormes fortunas en lobby para convencer a cada parlamento, partido, cancillería, de que la solución de Venezuela era “deslegitimar” a Maduro para provocar una respuesta militar interna, cosa que no luce viable.
Desde Chávez hasta nuestros días, con apoyo del G2, se ha construido una muy funcional maquinaria de espionaje dentro de la FF.AA, que hemos visto operar. Ningún oficial puede comunicarse con nadie sin que lo sepan los organismos de inteligencia y por eso todas las manifestaciones de “malestar” en las filas, conducen a detenciones y bajas.
En la medida en que la gente despierte, se dará cuenta de que todas las promesas que le hicieron a cambio de que se abstuviera carecían de fundamento, y al abrir los ojos entenderá que no está en su habitación como soñaba, ni en la confortable habitación de un hotel como le ofrecieron, sino en un calabozo del que no se ve la manera de salir.