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Editorial: El círculo del poder
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La actitud del gobierno es simplemente surrealista. Todos los factores importantes del país le han sugerido un programa de cambios que el librito indica en circunstancias como estas, después de treinta años de que se inició la recuperación de la región después de la Crisis de la Deuda. Para respetarle su fraseología comunistoide, mucha gente le ha indicado que tome el camino de Den Xiaoping, que le permitió convertir a China de hoy en una potencia. Hace 40 años era el país más pobre del mundo “por culpa del imperialismo” y hoy pareciera que tendría, con el paso de las décadas, disputar el liderazgo mundial, gracias a los capitales que ha invertido “el imperialismo” en su economía. Con razón Carlos Alberto Montaner, en una conversación sobre el asunto, comentó con su inagotable sentido del humor: “China es una maquila gigante que tienen los Estados Unidos allá lejos”.

¿Qué pretende el gobierno?  ¿Por qué deja que se deteriore la situación social, lo que es ya un delito de lesa humanidad, cuando los niños se mueren por docenas en hospitales desabastecidos?¿Por qué un régimen que se fundó en el socialismo hoy decide divorciarse de todas las regorgallas que lo tuvieron en el poder por 17 años? Se han sumido en una especie de negación existencial sartreana, que pareciera basarse en que la vida no tiene sentido y “hagamos lo que hagamos de todas maneras nos vamos a morir”. Es un verdadero misterio, pero uno pudiera sospechar que la asesoría de Fidel Castro está presente. A él no le importó nada la miseria de los cubanos, ni haber destruido una nación y convertirla en una especie de pequeño infierno para los desgraciados cubanos. Su objetivo era y es mantener el poder no importa quién viva o quien muera.

Si algo no puede hacer el pensamiento social es pronosticar, pero pareciera que ese esquema no podría repetirse en Venezuela. El gobierno carece de apoyo popular y cada día es peor su soledad y solo se sostiene en la uña del poder armado. Es un gobierno de facto en el sentido estricto de la palabra. Tiene ochenta por ciento en contra y pronto será cien por ciento y eso incluye a los militares. Ellos sufren exactamente las mismas adversidades de los civiles, aunque están sometidos a su disciplina corporativa. Vive de trampitas que hace su bufete (el llamado tribunal Supremo) y su secretaría de asuntos electorales encabezada por Tibisay Lucena ¿Hasta cuando? ¿En que momento se agota una situación tan precaria? Y nuevamente la prédica que al final tendrá que ser la salida: un entendimiento entre los tres factores de poder, el gobierno, los militares y la Asamblea Nacional para enderezar la marcha.

Nadie se merece los juegos del Círculo del poder: Maduro, Cabello, Cilia, Jaua, Jorge Rodríguez, Tarek El Aissami, Tibisay Lucena, Luisa Ortega, Gradys Gutiérrez y el asomado Héctor Rodríguez, que gobierna contra el chavismo y el país entero. Una noticia hace pensar que alguien, en este atormentado contexto, se detuvo a pensar en la necesidad de detener las perspectivas siniestras. La baja de ese conocido delincuente con seudónimo de roedor, que era ya un gobernador informal de dos estados y alcalde de varias zonas de Caracas. Con la falta de honradez e inteligencia que acompaña a voceros del gobierno, ya acusaron a opositores de vínculos con pranes protegidos, mimados y estimulados desde el Gabinete de Maduro. Todo el mundo sabe que un alcalde guariqueño, chavista, ha sido informante del Picure así como exsecretario de Seguridad Ciudadana de Guárico, Richard James de Sancho.

El gobierno acaba de dar un golpe de Estado más al despojar a la Asamblea Nacional de sus facultades constitucionales. No tiene sentido que los militares ni los civiles pierdan los nervios y cometan ingenuidades que el círculo del poder busca para salvarse en medio de una situación de emergencia. Ya no gobiernan sino que apenas sobreviven a fuerza de trácalas de corto plazo.