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Editorial: El hachazo a Capriles
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El gobierno acaba de asestar un nuevo hachazo brutal de ilegalidad a las fuerzas democráticas, con la “inhabilitación” de Henrique Capriles. Desde hace tiempo el gobierno tramaba que hacer con él, pero los miembros del comando político del gobierno no se ponían de acuerdo. Unos querían “meterlo preso” asociado al caso Odebrecht. Quisieron aplicarle abandono del cargo y hasta incitación a la violencia. Al final se impuso la idea de inhabilitarlo, -una fórmula totalitaria que solo existe en Venezuela-, sin llevarlo a la cárcel, porque seguramente habría sido un hecho demasiado escandaloso.

En países con gobiernos normales, la inhabilitación es consecuencia de una sentencia penal, pero no es una pena en si misma. En otras palabras, según la ley, queda inhabilitado quien reciba  una condena mayor de tres años de cárcel, pero nadie puede ser “sentenciado” a la inhabilitación. Así  López, Rosales y Capriles, líderes de tres  importantes partidos, comparten la condición de inhabilitados. Por fortuna, a éste no lo han encarcelado, pero el gobierno pudiera tener el plan de hacerlo. Además de librarse de un posible candidato presidencial, la intención podría ser desesperar a la oposición y apostarle a que se produzcan hechos de violencia para proceder a nuevas acciones represivas.

Recordemos que pese a haber recabado sus firmas, la revalidación definitiva de los partidos está en vilo y la MUD en cada oportunidad ha repetido que nada la sacará de los cauces democráticos. El gobierno, por el contrario, juega en el campo de la ilegalidad y son pocos los escalones para cerrar el círculo de ser una dictadura, lo que ocurrirá si mantiene en suspenso los procesos electorales. Por eso el centro de la política  de las fuerzas democráticas debe ser, el cronograma electoral para gobernaciones y alcaldías, lo que por el momento no luce fácil.

Tendría que mediar enérgicamente la comunidad internacional y tanto ella como el país deberían tener sus objetivos muy claros: conseguir este año la elección de gobernadores y alcaldes, y el siguiente las presidenciales. Las grandes movilizaciones actuales, hechas heroicamente contra viento y marea, deberían precederse con esa consigna para que puedan arrojar resultados concretos. En este momento expresan la ira y frustración de la ciudadanía, pero deberían contribuir a conseguir la elección de gobernadores este año.

La buena noticia es que la preocupación por lo que ocurre aquí se generaliza en medios internacionales y la mala es que, de continuar la dinámica actual, los venezolanos vamos a perder el control de nuestro destino, que comienza a jugarse entre las potencias. Según VTV, Rusia, China e Irán envían portaviones para realizar ejercicios militares en el Caribe, muy posiblemente como respuesta al bombardeo norteamericano en Siria. La locura nos ha traído a que Venezuela, por décadas un país de política internacional seria, mesurada, respetado en todas partes, ahora aparezca como aliado menor de estados rufianes. Pronto estaremos con esos barcos piratas en nuestras narices, como protagonistas forzados de un escenario de peligrosa tensión internacional.