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Editorial: El suicidio como una de las bellas artes
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Como decía un tuit reciente, nunca los esfuerzos del gobierno y de los radicales coincidieron tan plenamente para inducir la abstención. Ambos grupos lucen desesperados por derrotar a los opositores que participen en el proceso electoral. Para ganar, el gobierno no depende de sí mismo sino de la eficacia de los grupos abstencionistas. Pusieron el máximo posible de trampas con ese fin, mientras los radicales hacen lo suyo. Pero revalidar todos al mismo tiempo, ilegalizar judicialmente la MUD y convocar elecciones en 60 días, podría tener efectos no previstos.
Según resultados de las primarias del año pasado para las gobernaciones, Voluntad Popular no tiene respaldo suficiente para legalizarse y acertadamente optó por la inhibición. El efecto imprevisto puede ser que no se dispersen firmas y los firmantes se concentren en los que sí pueden seguir adelante: AD y PJ. La MUD descabezada, por otro lado, de acuerdo a su balance de gestión en los dos últimos años, parece convertirse en una carcasa sin muchos dolientes. Devino una corporación personal, ni siquiera de un partido sino de un grupo; y el gobierno le acaba de asestar un machetazo en la cabeza.
En el nuevo cuadro UNT, COPEI, MAS y AP, – al que se sumarían AD y PJ junten o no las firmas necesarias- podrá redefinir la Unidad para que regrese a la estrategia de sus inicios y vuelva a ser exitosa. Con el radicalismo ocurre un fenómeno interesante. Decíamos que el gobierno promueve la abstención porque sabe sus inmensas posibilidades de perder, y los radicales apoyan el plan. Podría tratarse de un error, pero hay algo más allá: carecen de cualquier fuerza política real en el país, sus dirigentes tienen precario respaldo, no tienen partidos ni menor respetabilidad, pero influyen bastante en los medios internacionales, con lo que despiertan puntos de vista equivocados.
Por lo tanto no tienen posibilidades electorales.
Sus remotas esperanzas están fijadas en un golpe de Estado al que llamaron “intervención militar democrática” o una invasión extranjera, dos ilusiones peligrosas. La primera porque de haber tal golpe, los últimos a los que llamarían a gobernar los militares sería a quienes no hacen más que amenazarlos. La otra porque luce más bien una ilusión de quinceañera estúpida que de algún adulto. Los países se destruyen todo el tiempo sin que nadie se ocupe demasiado.
Y el gobierno venezolano goza del apoyo de China y Rusia en el Consejo de Seguridad de la ONU, única instancia que puede aprobar una invasión. No parece posible que EE.UU decida una acción unilateral, porque eso podría costarle reacciones de China y Rusia en otras latitudes, además de que los necesita para resolver el nudo de Norcorea. Aparentemente se perfila un regreso de la oposición al esquema democrático, constitucional, electoral y pacífico. Algunos dicen con mala leche contra los moderados que el gobierno escoge la oposición que quiere, pero la veritá effettuale es que cada quien escoge la manera de suicidarse.