Editorial
Editorial: Élites bobas
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Le oímos decir con sorna a uno de los más altos jerarcas del gobierno,cuando se inicia el delirio de tumbarlos con manifestaciones: “ya se habían tardado mucho los gafitos en salir con sus boberías guarimberas. Los estábamos esperando para clavarlos y ahora sí los vamos a j…”. Y así fue exactamente.Fuimos por nuestra propia voluntad a meternos en la trampa sin que nadie nos llamara, lo que revela que varios,como era de suponerse,en vez de dirigentes eran unas cartulinas. Llevaban las riendas, siglos luz por encima de sus capacidades, simples activistas que la vida colocó en algo para lo que no tienen preparación, ni temperamento, para desgracia de la esperanza democrática. Todo terminó como lo previó el gobierno desde el año pasado. Derrota, caos,depresión y odio, en las filas opositoras. Los dirigentes botaron el juego y nos sumergieron en la debacle,azuzados por otros más viejos, pero igualmente bate quebrado. Sígales la pista a estos asesores,que por algún momento cumplieron el papel de Jinetes del Apocalipsis. Fueron ellos los responsables personales del envenenamiento de la vida política desde los años ochenta,cuando iniciaron la destrucción de los partidos y la campaña de descrédito de las instituciones democráticas.Luego se trazaron el objetivo de derrocar a Carlos Andrés Pérez. Algunos de ellos vieron con simpatía el 4F y apoyaron a Caldera.Más tarde impulsaron la antipoĺítica que llevó a Chávez al poder. Liquidados con su ayuda los partidos democráticos, comienza la bobería con el paro petrolero,los sucesos de abril, “Plaza Altamira”,todos dirigidos por los jinetes y sus amigos hasta que colapsan con la abstención en 2005.Pasan a un lugar más discreto pero se convierten en Mefistófeles, que soplaba al oído de los jefes de los nuevas organizaciones partidistas. Con sus páginas Web y los restos de su poder comunicacional estimulan las grandes boberías, que nunca vivirán lo suficiente para pagar: la salida de 2014, el RR 2016 y la caída de Maduro en 2017. Ahora solo quedan cenizas de la gestión de los bobitos dirigentes y de los bobotes asesores. Y la esperanza tarda en reaparecer, en medio del silencio ensordecedor que dejó su fracasada aventura.