Editorial
Editorial: ¿existe la unidad?
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La oposición venezolana vive una crisis de identidad, producto de los estragos de dos años de amargas y contundentes derrotas. Tiene por delante definir nuevamente si hay un conjunto que merezca ese nombre, o es mera retórica, un título hueco, sin suficiente identidad en su seno para configurar nuevamente lo que se llamó Unidad. Entre 2006 y 2015 dijo creer en una estrategia democrática, pero durante 2016 y 17 el espíritu del fracaso radical se posesiona de quienes eran la mayoría política amplia, se lanzan al barranco y los aplasta la revolución.
Hoy no hay una estrategia, ni clara ni oscura, los líderes están de bajísimo perfil y los pocos que hablan lo hacen para llorar las maldades del gobierno, pero no para reconstituir unas bases para la acción. Por otro lado los grupos radicales se dedican exclusivamente a denigrar de los partidos, porque piensan que deben aprovechar la coyuntura para destruirlos y desplazarlos.
Hay mucho más odio que política de por medio, porque con sus graves errores, los partidos pudieron crear algo en estos 19 años, -aunque hoy esté en entredicho-no así los radicales, que no lograron nada salvo vociferaciones cada vez más incoherentes. He ahí problemas graves a resolver: ¿habrá unidad y un candidato unitario, o considerarán conveniente lanzarse con independencia de eso?
La decisión de respetar los acuerdos establecidos desde el comienzo del período parlamentario aplacó muchas preocupaciones. Se hablaba de que algún factor enfermizo dividiría la votación y crearía una crisis y por fortuna no ocurrió. Se dio impresión de unidad.
Tal vez la Unidad podría exorcizar al abstencionismo opositor, el arma secreta del gobierno, por lo que se explican sus triunfos en un país abrumadoramente resentido y encrespado ¿Habrá uno o más candidatos presidenciales en 2018? Convocarán primarias o no para escogerlo? ¿Lograrán reconvertir en mayoría política la mayoría social contra el gobierno? Se habla de un posible outsider para la candidatura presidencial, con nombre y apellido, Lorenzo Mendoza y en los medios que lo promueven se dan argumentos que resuenan, como que “los políticos fracasaron, mientras Mendoza es un triunfador”.
Eso podría ser así exactamente hasta el momento en que decida lanzarse, porque es previsible que el gobierno lo ataque afondo a través de sus empresas. Corren también ideas un poco extravagantes como lanzar alguno de los inhabilitados, con una razón más o menos así, como que “no están inhabilitados para el pueblo” y “no hay que reconocer tal condición”. Todo suena confuso y enredado pero precisamente la política es el arte adecuado para resolver embrollos.
Por otra parte pareciera que el gobierno está dispuesto a acabar con las redes privadas de distribución de alimentos en dos o tres meses, si sigue aplicando la medida de ventas forzadas por debajo de los costos que puso en práctica. El plan parece que los venezolanos solo podamos comer a través de los Clap. Esperaremos a ver si eso sigue y qué trae.