Editorial
Editorial: Fracaso en el fracaso
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Mercosur nace en 1991 con el Tratado de Asunción, como un bloque de países suramericanos integrado por Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay y posteriormente se agregan Venezuela y Bolivia en 2012. Su propósito originario era ser un mercado común para impulsar las economías de cada uno de los países. Pero Latinoamérica es experta en fracasos y particularmente en fracasos de la integración y Mercosur también es uno, hasta ahora.
Lejos de ser un mercado común, no es otra cosa que una confederación de proteccionistas que no logran liberar sus economías y competir para ser eficientes y exitosos, por lo que esta multilateral parece no tener futuro. Además, los conflictos entre los miembros saltan por todas partes. Para colmo Venezuela entra en la alianza como prostituta en una penitenciaría, al servicio de todos. Chávez y Giordani querían arruinar a la “burguesía” y abren sus puertas a los bienes de todas partes para que quiebren los productores locales.
Hasta el papel tualé venía de Brasil y por eso hoy no se consigue. Mientras la capacidad importadora de Venezuela fue ilimitada, los demás países se saciaron. Tenían un mercado, no cautivo sino amarrado de la cama con lazos de seda. A cambio de eso, Chávez convirtió lo que debía ser una alianza económica en un espacio para hablar necedades, ripios, lugares comunes y mentiras, para sentirse el gran líder antimperialista latinoamericano, el Nasser de Sabaneta.
Por otro lado se teje en 2011 la Alianza Pacífico entre México, Colombia, Perú y Chile, que hoy día exhibe indicadores positivos para la región. No puede olvidarse que cuando se fundó, el inefable Evo Morales la calificó de “alianza neoliberal” y afirmó que había que combatirla. No es necesario abundar sobre la caída estentórea del modelo socio político que predominaba en Mercosur y el éxito de Alianza Pacífico.
Pues bien, tres de los componentes de aquél, Brasil, Argentina y Paraguay se niegan a que Venezuela lo presida, en la derrota diplomática más estentórea que ha recibido la revolución. No se les puede culpar: a cualquiera lo apena estar algo que presida el gobierno bolivariano, incluso a los que no tenemos más remedio. Groucho dijo que él no pertenecería jamás a un club que lo aceptara y nuestros gobernantes deberían seguir esa doctrina. Pero tal cual el método revolucionario Maduro decide que si van a presidir aunque estén solos y nadie lo acepte, aunque los escupan y les tuerzan los ojos.
Eso los define a perfectamente y explica porqué los rechaza 90% de los venezolanos. Se acostumbraron a actuar como les da la gana y por eso se arrastran en el ridículo sin darse cuenta. Su hora pasó. Ya en Brasil y Argentina no están sus socios sino gobiernos decentes, y Paraguay estaba esperando el momento para cobrarse la humillación de Maduro que siendo Canciller invadió el país y exhortó al Estado Mayor a dar un golpe contra el gobierno legítimo. Pero esos eran otros tiempos que ya se fueron, los de la hegemonía, los del ingreso petrolero de 100 mil millones de dólares al año. Tiempos que no volverán para la revolución, que ya está en sobretiempo.