Editorial
Editorial: Gravedad Cero
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Preocupa enormemente el vacío político que embarga al país. El gobierno no hace nada para contrarrestar su catástrofe y por el contrario demuestra que no tiene idea de cómo enfrentar la disolución económica y social. El proceso del que hablaban a los inicios de Chávez es lo que podríamos llamar la haitización y hacia eso marchamos enérgicamente. Lo peor es que tal vez continúan apegados a la tesis de Giordani de “arruina y vencerás”. Es duro de decir pero no se trata de que la tesis del exministro haya triunfado, sino que la oposición se equivocó innecesariamente. Nunca en una situación parecida  como la que tantas veces ha vivido el continente se había visto tal grado de cómoda incompetencia por parte del gobierno.

Pero en lo que va del año preocupa la carencia de iniciativa política por parte de la oposición. Se dijo que el llamado diálogo –una reuniones que solo presentaron un de ring de boxeo- solo servía para que el gobierno ganara tiempo, pero tiempo tienen hoy  de sobra porque todo el mundo parece estar distraído de la realidad. De los partidos moderados  se sabe poco. Y los duros  igual, después de las últimas extrañas apariciones (visita a Trump, trancar autopistas). Un adversario que no hace nada para recomponerse y que cierra el tráfico urbano es exactamente lo que necesita el gobierno.

Maduro logró superar la difícil situación del año pasado, un estado de movilización e irritación social en todo el país por carencia de bienes esenciales y la oposición en las calles con la bandera del RR.  Dos insurgencias populares graves, Cumaná y Tucupita, y la desesperación e insubordinación general en 2016, han dejado el paso a la resignación y no parece haber duda que los Claps cumplieron con su aberrante papel. Las encuestas registran una caída recia de los opositores como consecuencia de su aplastante derrota vivida y las pretensiones de barajar el juego al atribuir el fracaso al supuesto diálogo.

Todo estaba bien, íbamos camino al poder y a los partidos se les ocurrió ir al “diálogo”, y en esa tontería se involucra incluso una encuestadora (“todos tenemos que comer”). Esto  merece dos unos cuantos comentarios 1) Eso no es una explicación racional y responsable de lo ocurrido sino una excusa, o peor, un intento infantil –por su inverosimilitud- de sacar partido favorable de la devastación 2) Diálogo no ha existido en este proceso, sino una reuniones vergonzantes, improvisadas, mal concebidas. Un proceso de diálogo como el de Colombia, que produjo resultados, requiere  meticulosa preparación, participación efectiva de los mediadores, y la reunión entre las partes solo se debe dar cuando haya acuerdos previos, prácticamente para formalizar estos.

Lo contrario es fomentar una perrera y abonar al fracaso. Los mediadores encabezados por Zapatero vienen en una nueva ronda con la intención de salir del atascamiento y para que su esfuerzo se justifique es necesario que asegure resultados concretos. Tres o cuatro cosas esenciales, elección de gobernadores, libertad de Leopoldo López y los presos políticos, un mecanismo para ingreso de medicinas (que no debe llamarse “canal humanitario”) serían pasos necesarios para desentumecer las articulaciones del sistema y superar la parálisis democrática.