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Editorial: ¿Hasta dónde puede llegar Trump?
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Los enemigos de la sociedad abierta son totalitarios de izquierda o de derecha pero cada vez es más difícil precisar quién es quién, porque difieren en lo superfluo y coinciden en lo esencial. Los de izquierda, como hizo Chávez, pretenden acelerar ciertas reformas sociales, como la tolerancia ante la nueva revolución sexual (que algunos llaman ”de género”), los derechos al aborto, o el apoyo a minorías étnicas, negros o indígenas contra blancos.
Mientras los de derecha se oponen a eso y defienden un concepto sanguíneo de nación, la raza dominante, frente a la inferioridad de las demás etnias. Hasta ahora en EE.UU, Europa y  la mayoría del mundo democrático, avanzaba un cambio liberal, gradual por el camino de la globalización. Así triunfó el matrimonio homosexual y la tolerancia hacia las drogas y los extranjeros, pero acaban de experimentar un frenazo con Trump.

Es demasiado difícil que el nuevo Presidente pueda realizar una revolución conservadora pero si podrá frenar el proceso de cambios que encabezaba EE.UU en su condición de nación más progresista del mundo. Su clave está, en primer lugar, en la Corte Suprema de Justicia. Por más de un año los republicanos impidieron el nombramiento de un progresista propuesto por Obama. Ahora podrán nombrar un conservador, con lo que tendrán mayoría, que posiblemente se profundizará porque hay dos magistrados de más de ochenta años.
Con el control de las decisiones de la Corte, Trump tendrá una importante capacidad para revertir los avances democráticos. Nada distinto de lo que ha hecho Ortega en Nicaragua y Chávez-Maduro en Venezuela. Los populistas de izquierda o de derecha,-son más o menos lo mismo- son  emergencias reaccionarias que rinden culto al pasado y se valen de retóricas emotivas para  frenar el progreso.