Editorial
Editorial: Henry, Henri, Henrique y Enrique
Editorial

Según Datanálisis hay una nueva distribución de preferencias alrededor de los precandidatos a eventuales e improbables elecciones que no se divisan a plazo inmediato. Encabeza las simpatías Henry Ramos, seguido por Henri Falcón, Leopoldo López y Henrique Capriles, en ese orden (parece que para ser candidato de la oposición hay que llamarse Enrique en cualquier idioma). Una auténtica revolución porque hasta ahora la intención de voto de la disidencia se polarizaba entre los que en este momento retroceden a tercero y cuarto.

Henry y Henri no solo entran en el cuadro de honor, sino que predominan, lo que deja groggy a más de uno. Un Nuevo Tiempo es el único que no aparecía con un representante en esa distribución. Su Presidente Márquez -naturalmente se llama Enrique-, dijo palabras perfectamente aceptables como la normalidad de que un político aspire a tal cosa, y de inmediato algunos salieron a sancionarlo como si hubiera cometido un crimen.

Lo simpático es que los críticos tienen sus propios precandidatos y no les parece mal, pero sí lo es que lo diga Márquez. El hecho es que ya no existe hegemonía en el bloque opositor sino cuatro jefes y habrá que saber hilar para resolver los problemas dentro de la MUD. Y sobre todo impedir que rivalidades presidenciales extemporáneas de todos, incluido Márquez pero no únicamente él, desbanquen las verdaderas prioridades políticas, sobre todo cuando el gobierno remacha que no habrá referéndum ni elección de gobernadores este año.

Por otro lado, aparecen diferencias entre los partidos, pero algunos planteamientos lamentablemente carecen de seriedad ni sentido común y da la impresión que alguna gente no es capaz de aprender ni de sus errores ni de sus aciertos ni de nada. Unos quieren imitar la historia de Chávez, -quien parece haber logrado la reingeniería del cerebro de muchos políticos- y hacer una revolución con la inefable constituyente.

Con eso desde ya ponen funcionar las alarmas del chavismo y favorecen su unidad, en vez de profundizar sus diferencias, y revelan cuán ingenuos podemos ser. Otros hablan de una inasible “desobediencia civil” sin que esté claro en qué consiste, y que se confunde con huelga general o una barahúnda como los carnavales de Río o las Fiestas de San Fermín ¿Desobediencia civil será no ir a trabajar, ni los niños a la escuela, ni hacerle caso a los padres, ni pagar en el abasto?

La mejor noticia hasta ahora es que algunos personajes delirantes y folklóricos cuestionan y se desmarcan de la marcha del 1-Sep porque “es electoral”, en otras palabras porque no convoca a un levantamiento popular ni ninguna cretinada parecida ¿Se podrá decir “bienvenidos los que se van”? La suerte del RR tendrá hondas repercusiones en el futuro inmediato y valdría la pena investigar en qué medida las simpatías por los cuatro nombres que comentamos arriba pueden estar vinculadas a él.