Editorial
Editorial: juego sucio
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Una de las tareas más arduas que se le presentan a la fecha a quienes promueven el regreso a la democracia es la marejada de pesimismo,desesperanza y frustración que se precipitó sobre la ciudadanía.El revocatorio estimuló la confianza en una solución inmediata,no solo en los grupos más interesados en la política,sino en las grandes mayorías populares.

Su atroz e ilegal negación por el gobierno hace pensar al país que no hay esperanza y que la miseria y la desesperación no tienen salida.Una lápida de pesada sensación de estar atrapados,de que todo está perdido.Quebró la racha de triunfos que avanzaba firmemente desde 2006. Superar tal estado de ánimo no será tarea fácil ni rápida,pero comienza por obtener algún triunfo tangible.

Esa lamentable nube negra  aumenta en la medida que comienzan las trampas, juegos sucios y tracalerías entre los aliados. Acusar de gobiernero a un sector de la oposición para distraer la atención de la verdad de lo ocurrido y así salvar la cara, es un ejemplo. Por fortuna a nadie se le ha ocurrido desenterrar errores tan recientes que aun apestan y encender el ventilador.La discusión es necesaria,imprescindible,no así la canallada.

Quienes son líderes genuinamente saben que no hay que desacreditar a quienes pueden ser importantes en el futuro para cualquier plan,tal como fueron en el pasado. La realidad indica que cualquier triunfo requerirá de todos y la vocación de dividir garantiza la derrota. Tal vez sería perdirnos demasiado a nosotros mismos que nos comportemos con decencia.