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Editorial: La esencia de la revolución
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El lanzador  disparó su bola baja, la “constituyente comunal”-mas bien un proceso interno del PSUV- y la reacción de la opinión pública en contra fue aplastante, incluida la posición sin remilgos de la Fiscal Luisa Ortega. Concebida como una manera de terminar, poner punto final a la crisis, pareciera que en vez de ser una solución  multiplicará los problemas y seguirán las crisis. Nadie ha explicado hasta ahora, ni siquiera por error, cuáles serían los urgentes cambios a la Constitución de 1999 que la justificarían ¿Se venció la bicha y es necesario hacerle modificaciones?

Ningún portavoz del gobierno  ha hablado de eso, ni de cuáles son los graves baches que justifican su cambio, que si existieran se subsanarían con reformas o enmiendas, tal como está contemplado en su texto.  Pero eso no tiene nada que ver con el objetivo real, que es ponerle la mano a un instrumento, la constituyente misma,  un hacha para decapitar los poderes autónomos de la sociedad. Entre 2006-2015 la oposición se reconstruyó y luego de ganar varios procesos electorales estaba en condiciones de poner jaque al gobierno. Cambió su estrategia, escogió “calle-calle” y escogió el conflicto. El gobierno respondió con un batazo a la cabeza: eliminar en los hechos la elección de gobernadores y alcaldes y parece estar claro que no convocará elecciones  en 2018.

A cambio propone la supuesta “constituyente” que piensan realizar sin referéndum consultivo para saber si los venezolanos estamos de acuerdo con ella y sin referéndum aprobatorio para saber si queremos la supuesta constitución que  nos presentan. No tendrá apoyo popular, cosa de la que se preciaba Chávez cuando empuñaba el librito azul, lo que para él le confería hasta poderes mágicos. Para completar el cuadro, a  los llamados constituyentes más que elegirlos, el gobierno les adjudicará los cargos a través de operaciones no muy claras. En vez de ser el REP la base votante, lo será algún nuevo registro de “organizaciones sociales” en el que podrán escribirse las que el gobierno considere conveniente. En términos simples designarán una asamblea de sus militantes y partidarios  para arrasar las instituciones de facto sin pedir autorización a nadie.

La única hoja de parra con la que pretenden cubrir esta operación de corte soviético o fidelista, es llamarla asamblea constituyente, que pensaron podría tener resonancias  confusas ante la opinión pública internacional, lo que no ha funcionado. Chávez podía realizar todo tipo de maniobras porque  ganaba los procesos electorales, generalmente en buena ley, y se salía con la suya. El mundo lo vio con simpatía  por la condición electoral que matizaba su autoritarismo. En este caso no hay nada de eso. Es concretamente la consolidación de la dictadura con un proceso electoral estilo cubano. Decíamos que se profundizará la crisis porque mientras andan en lo único que parece preocuparles, diseñar tirabuzones para perjudicar a los partidos democráticos, les interesa muy poco la desintegración social y económica del país, la gravedad de las condiciones de vida de la inmensa mayoría como consecuencia de  la inflación, la devaluación y el desempleo.

La recesión económica  ya lleva varios años y ha hecho miserable a la población. Confeccionan jugarretas para perpetuarse en el poder y se hacen los locos con la traición a todo lo que dijeron defender. Al principio juraban que habían llegado para “redimir” al pueblo de sus supuestas humillaciones y sufrimientos causados por la democracia. Convencieron a la mayoría, con una pequeña ayuda de sus amigos, de que aquí la vida era un calvario y el país los aplaudió, los amó, les dio todo lo que quisieron, y el resultado es la mayor tragedia social conocida en Venezuela, y pero ahora le dieron la espalda al pueblo que engatusaron. Ahora no les importa tener 80% de la gente su contra y confiesan sin ningún rubor que no hacen elecciones porque las pierden y no les da la gana. Así son todas las revoluciones. Esa es su esencia.