Editorial
Editorial: La muerte te queda bien
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La MUD tuvo una muerte extraña, inexplicable e inesperada.  Se debilitó en lo interno cuando no hizo frente al  primer dislate, la salida  de 2014. Ese incidente demostró que no tenía suficiente autoridad sobre sus miembros y que varios estaban en la alianza a beneficio de inventario y podían poner en peligro la estrategia democrática, constitucional, pacífica y electoral que se desarrollaba.

A pesar de esas heridas, el año siguiente obtuvo un triunfo popular clamoroso en las elecciones parlamentarias, el célebre 15D.  Finalmente, después de la larga marcha a través del desierto, sonreía la victoria y se demostraba que el futuro democrático vendría por la vía pacífica y no a través de ingenuidades como “salir  a la calle” o hacer “guarimbas”.  Pero misteriosamente, por lo menos 15 personas vinculadas a la MUD, declararon que no había que concurrir a las elecciones regionales sino al RR…

¿Para qué un mendrugo si se tiene en vista el banquete del poder?  A partir de enero de ese año explotaron dos tendencias destructivas para la alianza. La dejación de la ruta pacífica sustituida por las rutas rápidas y en el  plano organizativo su conversión en órgano de un grupo, ni siquiera de un partido. Ese grupo se apropió de la pequeña burocracia y la toma de decisiones se monopolizó en el formalmente G4, que ni siquiera fue tal, sino G1 o G2.

Por muchos meses de 2016 y 2017 no hubo reuniones para discutir lo que ocurría ni los acontecimientos que se desarrollaban en las calles, en contra de la política electoral que era la doctrina unitaria. Se  presentan contradicciones escandalosas entre la estrategia y la acción práctica y así se despilfarra la gran victoria de 2015 y se convierte en ceniza.  Cometidas las locuras y advenido el negro fracaso, se siguió en la línea de la altura política municipal, del vivo criollo de menor jerarquía, y no se le explicó nada a la gente sobre los errores y sus consecuencias.

Los responsables quisieron pasar agachados ante el cataclismo que habían provocado, el derrumbe de la voluntad opositora en las elecciones de gobernadores y alcaldes, y ahora para las presidenciales. Y hoy día  los que ejercieron como dirigentes sucumben a la tontería parroquial, doméstica, infantil, de abstenerse en la elección presidencial.

El gobierno actúa como un jugador de truco y afloja concesiones muy parecidas a las que le exigían, mientras la oposición juega canasta y responde como dama de alcurnia que el problema no es de fecha sino de principios.

Convocarán elecciones a consejos regionales y cabildos, y los partidos que se abstengan quedarán barridos de la base de la sociedad y comenzará otra oposición, no sabemos de qué dimensiones y alcances. Para esta fecha la MUD se convirtió en uno de los fracasos más estruendosos e inexplicables de nuestra política reciente y sin duda, liquidó una extraordinaria esperanza de cambio.

Cautelosamente la sustituyen por otra instancia que denominaron “el frente”, para hacer olvidar el terrible descalabro. El lanzamiento de la candidatura presidencial de Falcón devela que si “el frente” no la respalda, servirá simplemente para consagrar una división entre abstencionistas y los que participan.