Editorial
Editorial: La mujer Maravilla
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La detención del general Rodríguez Torres puso al descubierto el valle de pasiones que caracteriza a una oposición, por lo menos parte de ella, que anda a la deriva con la brújula descontrolada. Las brigadas de Mártires de Brickel celebraron efusivamente, salieron a bailar en las calles, algunos dicen que tumbaron un puente en la “souesera”, y en las peluquerías caraqueñas descorchaban Pampero (es lo que hay), aunque el general pertenece al Frente Amplio.
Una dirigente decía, para asombro del público, que la detención de Rodríguez Torres se debía al temor que despertaba el mencionado Frente en Maduro. Pero el ex candidato a gobernador Velásquez, tan del Frente como Rodríguez Torres, señalaba que hablar de “chavismo democrático” era un contrasentido. En medio de ese caos mental, vemos que una gran parte de la gente que está activa contra el gobierno ignora que es imposible tener mayoría si no recibes a los chavistas decepcionados.
Ese es el motivo para el odio que manifiestan por Henri Falcón, pese a su lealtad a las filas opositoras desde que renunció a la antigua filiación. Y Luis Almagro hizo contra él una declaración insólita, un acto desconocido en los anales de la diplomacia normal. El jefe de un organismo multinacional llega al extremo increíble de atacar con nombre y apellido a un candidato a la presidencia de un país miembro. Eso refleja el enorme daño que la revolución bolivariana ha hecho a la política.
Como toda revolución, ignora las formas, el respeto, los miramientos y formalidades de la democracia. Y Almagro, como un revolucionario cualquiera, “entrompó” de forma grotesca a un dirigente político que merece respeto, acción que seguiría siendo grotesca aunque no lo mereciera. Empeora todo para Almagro porque viene de una cadena de conatos, simulaciones y mentiras en la que ha demostrado incompetencia supina para hacer aprobar la Carta Democrática y sancionar al gobierno venezolano.
Varios años de flagrante incapacidad para satisfacer las expectativas creadas y en su defecto desarrolló una charlatanería que hace historia en la OEA. Como último caso de los que vamos a mencionar, el siguiente. Cuando apareció en escena María Corina Machado a comienzos de los 2000, una mujer atractiva, joven, fisionómicamente venezolana, mantuana, muchos le auguraron un gran futuro político.
Tenía las condiciones necesarias para convertirse en la novia, la mamá, el símbolo sexy de todos los venezolanos. Ese juicio comenzó a cambiar cuando vimos que su primera hazaña fue llevar a la oposición de entonces al primer matadero abstencionista. Han transcurrido casi dos décadas y después de gastar millones, dejar su juventud en el camino, el plan de “María Corina Ya” no resultó. La historia de sus errores es accesible a todos y su imagen agresiva, amarga, su discurso vacío y de tesis simplistas, fueron deteriorando lo que pudo ser una imagen fantástica de mujer maravilla. Hoy dice que los tres diputados de su fracción parlamentaria (o tres gatos que eligió la unidad, no ella) son el único resquicio de dignidad que queda en la AN. Realmente es fácil saber por qué perdió su tren.