Editorial
Editorial: La transición según el padre.
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El sacerdote jesuita Luis Ugalde, ha expuesto su visión sobre una estrategia para la oposición en su artículo La enfermedad, el remedio y la ruta. Ugalde es el intelectual más influyente en el Frente Amplio y en los círculos dirigentes que manejan la MUD. Su trayectoria y una condición en la que concurre su inteligencia como académico y su valor como hombre de fe, lo han convertido en figura antipoder, aunque algunas de sus opiniones carezcan de consenso.
Las propuestas del padre Ugalde pueden resumirse en las siguientes: 1. La consolidación de una Gran Unidad Nacional que incluya a todos los que consideran ilegítimo a Maduro, 2. La necesidad de afrontar urgentemente la crisis humana, económica y social, 3. Descartar la participación en procesos electorales, 4. Lograr la renuncia de Maduro a través de una negociación, 5. Creación de un nuevo gobierno, al que una vez denomina Gobierno de transición y otra Junta de Gobierno civil con participación militar, 6. Un conjunto de objetivos y logros que debe cumplir el nuevo gobierno, 7. La definición de los actores: pueblo organizado, factores internacionales, liderazgo nacional unido y Fuerzas Armadas.
La invitación del padre a la reflexión y a la acción, formulada con una urgencia que puede empalmarse a precipitación e inmediatismo, exige desmenuzar varias de sus propuestas para ver cual es el queso en la tostada. Su ruta está delineada sobre un mapa que proviene de una de las dos concepciones que guían, diferencian y enfrentan a la oposición.
Es una opción a considerar críticamente, sopesando sus elementos con la visión que sustentan otras referencias opositoras, apreciando sus fortalezas, determinando sus efectos indeseables e intentando acordar el cese del trato agresivo y la enemistad que enceguece a parcelas extremistas en ambas concepciones y que están creando una ruptura emocional y una fractura que puede resultar fatal.
Es polémico el planteamiento del padre Ugalde que rechaza la participación en todo evento electoral convocado bajo condiciones autoritarias. Eleva el abstencionismo a la exclusión absoluta de la disputa por espacios institucionales o del uso de medios que son participativos para la movilización, organización y fomento de conciencia cívica, al margen del régimen.
Es cierto que la participación en elecciones puede ser objeto de una operación de absorción y manipulación por parte del régimen, pero también lo es que la inercia de la abstención es una esterilización cívica que afecta los fundamentos de la cultura democrática y reporta mayores dividendos a la continuidad del poder autoritario. Las experiencias, a la vista de todos, indican que el riesgo mayor es que la oposición deje de dar combates a la dictadura por la fantasiosa ensoñación que le pide seguir voluntariamente reglas democráticas. Si es así, el círculo vicioso está soldado.
La política del todo o nada, la que llama a derrocar y no derrotar, la que pretende una transición para aniquilar al otro, la que alimenta posiciones ofensivas en una oposición debilitada está empañando la ruta. Apostemos por ese debate, no para ganarlo, sino para examinar juntos cómo aumentar la capacidad de presión interna y la eficacia de una oposición que se empecina en su despeñadero.

Editor invitado Simón Garcia

@garciasim