Editorial
Editorial: Las mujeres, la guerra y la paz
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Los grandes liderazgos enaltecen a los países, los hacen volar en reto al destino. Crean entre la ciudadanía eso que los expertos llaman sinergia y que se traduce en que las sociedades progresan y triunfan. Churchill, Betancourt, Clinton, Mitterrand, Thatcher, entre  otros, dejaron para la historia iniciativas de transformación política y social que cambiaron la suerte colectiva para bien y se les recuerda con veneración. Sus países tuvieron la suerte de contar con líderes excepcionales en momentos de crisis y las resolvieron para bien. En Venezuela vemos hoy la tragedia contraria de un país que da tumbos sin que sus grupos dirigentes sepan qué hacer para evitarlo, y más bien todo lo que hacen profundiza el caos, conduce a la destrucción.
La decisión de abstenerse en las elecciones del próximo 20 de mayo arroja una paletada más sobre las esperanzas de salir de la crisis, obra de un liderazgo opositor colapsado, corresponsable con el gobierno de las desgracias que se viven y se anuncian. Pero en medio de la jauría que ha desatado ese liderazgo irresponsable e incompetente, que llama a abstenerse con lo que cierra la puerta a cualquier posibilidad de  conseguir una salida, un grupo de mujeres ha salido a dar la cara por sus hijos y por todos nosotros. Han tenido el coraje de desafiar las huestes irracionales que reptan en Tuiter y con un coraje que despierta admiración, dan la cara como muchos de sus supuestos dirigentes no han tenido redaños para hacer.
El llamado a abstenerse es una de las expresiones de ingenuidad e incompetencia política más grandes que se recuerden en Venezuela, aunque está adornada de la mampostería de las condiciones electorales, su único motivo es deleznable: impedir que gane Falcón. Si no se estuviera tan ayuno de conducción, jamás habría ocurrido que prefieran la catástrofe con tal de frenar el paso de quien ha demostrado mayor capacidad que los otros en la carrera. Falcón tiene a su favor las condiciones para el triunfo pero tiene una sola en contra, la mezquindad de sus pares.
Si Falcón gana las elecciones tendrá el reconocimiento de la llamada comunidad internacional y los funcionarios diplomáticos en privado lo aseguran. Se iniciará un cambio con dificultades al que hay que llamar a incorporarse a mucha gente, incluso proveniente del chavismo. Lo esencial es el cambio económico, social, la reivindicación de las condiciones de vida de las mayorías y de la provincia, ambas aplastadas por el peso de la incompetencia y el totalitarismo.
Si Maduro vuelve a ganar, por pírrica que sea la victoria, tienen abiertos seis años más y los partidos y figuras que llamaron a abstenerse, hoy sacudidos por la disidencia interna, tendrán que seguir en condiciones de ilegalidad. El gobierno planea convocar, si gana, revocatorios para los diputados a partir de junio de este año (¿serán capaces de llamar a no votar también en ellos?) y desbaratar la mayoría opositora en la Asamblea. Lo único que aparentemente luce  como positivo, es que como producto de estas elecciones,  las fuerzas congregadas alrededor de Falcón podrían dar origen a una oposición menos insensata, infantil e irracional que la que está muriendo. Y podríamos ver al frente de ella a Eglée Gonzalez Lobato, María Eugenia Mosquera, Gladys Socorro, @Dgala23, María Eugenia Perret-Gentil, Mibelis Acevedo, Sofía Torres, Mercedes Malavé, Rosa Estaba,Aurimare Rodríguez y muchas otras que ayudarán por su sensatez e inteligencia.