Editorial
Editorial: Miami vice
Editorial

Lo realmente grave, negativo, rechazable, de la reunión de la oposición y el gobierno en República Dominicana es que no se dio. Fue apenas un momento de ilusa alegría, “vapores de las fantasía”. Pero el incidente tuvo varias utilidades colaterales. Por un lado sirvió para medir el grado de irracionalidad de grupos de la Miami force y sus aliados de la guerrilla virtual, cuyas estrategias conflictuales tienen diecisiete años demostrándose falsas, pero que están al acecho para lanzarse a la yugular de la oposición real.

Repiten  el mismo esquema  que falla y falla y falla, pero son incapaces incluso de aprender de la propia experiencia. La oposición real existe y está en pie de lucha, precisamente por no seguir las recomendaciones de los cabeza de coco y sus aliados. Fueron esas estrategias come alacranes las que atornillaron a Chávez y a Maduro. Las conversaciones, diálogos y negociaciones son necesarias para superar esta pesadilla como lo fueron en Nicaragua, Chile y centenares de otros ejemplos.

La revolución tiene diecisiete años tratando de borrar la existencia de la alternativa y lejos de lograrlo  hoy tiene mayoría en el país y su poder popular se incrementa en la medida que el gobierno continúa ahogando a los venezolanos. Eso demuestra que tal deseo de exterminio no funciona en la realidad. El régimen es impopular, rechazado por la mayoría (cuando hablamos del régimen incluimos al Tribunal Supremo y la Fiscalía, entre otros) y  se sostiene únicamente en un sector de la FAN.

Solos no podrían ni caminar y necesitan esa andadera. Eso demuestra su infinita ineptitud, en lo que sin duda es el peor gobierno de Latinoamérica, formado por incapaces, corruptos, cínicos y gallinas. Da pena que no sean capaces de pelear en igualdad de condiciones sino con guardaespaldas. A los combatientes virtuales no les importa que el mundo entero llame al diálogo, los grandes poderes latinoamericanos y mundiales, incluido nada menos que el G7, las mayores potencias del planeta.

Cada vez que se habla de un diálogo con el adversario, salen esos grupos ilustrados con sus moralinas, necedades, denuncias de traición y demás baratijas inútiles. Si negociar permite la salida de Leopoldo López y los presos políticos, algunos con más de diez años presos, bienvenido sea. Si permite buscar una fórmula que impida la violencia, la irrupción de los militares, bienvenido sea. Lo que no parece viable es que haya manera de resolver la crisis sin hablar con el adversario.

Por desgracia la Miami  forcé cree que aquí vendrá en el futuro una oleada de venganzas, tendremos a Moisés decretando las siete plagas al chavismo y resulta que no será así. La alternativa quiere llegar al poder para estabilizar, tranquilizar y lograr el progreso y no para sacarse el clavo. La enorme mayoría de los gobiernos en  transiciones en los que el odio se ha convertido en política, fracasaron. Un gran experto escribió que el mayor peligro en las transiciones son los radicales.

ETA puso en peligro la transición española con el crimen contra Carrero Blanco, porque Franco lo sustituyó con una línea dura, Carlos Arias. Y la izquierda comecandela  de Chile la arriesgó cuando asesinaron a Jaime Guzmán, senador de la derecha. El diálogo, la negociación, las conversaciones son bandera y prioridad número uno de cualquier fuerza democrática que actúe en cualquier circunstancia. Por desgracia este gobierno sicópata no entiende la necesidad de prevenir la violencia. Se creen protegidos, pero serían las primeras víctimas de ella.