Editorial
Editorial: Nada nuevo por aquí
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Ledezma dio a los medios desde Madrid declaraciones que son claramente tres estrai, contra sí mismo, lo que le echó paja a su fuga que según sus palabras lo hacía sentirse al estilo Bond. Uno. Cuando los micrófonos europeos esperaban la orientación estratégica que lanzaría, se puso a regañar a los periodistas con una bola de nudillos que difícilmente podría confundir a nadie: “yo no me fugué sino que me di la libertad a mí mismo”, que debe haber producido sorna en los veteranos y desconcierto en los jóvenes. Es como decir “no estoy en cuatro patas sino sobre dos rodillas y dos manos”. Dos. Luego su inquietante amenaza de purga contra aquellos de la oposición que no estuvieran de acuerdo con él, cosa que cae muy mal donde hay política civilizada. Tres. Para rematar lanzó una excentricidad contra el expresidente del Gobierno Español, Rodríguez Zapatero, al que culpabilizó de los 130 venezolanos muertos en 2017. Zapatero es una institución en su país por el cargo desempeñado y para los momentos que nos atañen, es nada menos que el delegado del Presidente Rajoy y de la Unión Europea para la crisis venezolana.
La fuga creó múltiples y ansiosas expectativas, entre otras por la abundante simbología heroica en lo dicho por el protagonista. Siempre con su bandera cerca – hay que reconocerle que no abandona Venezuela donde quiera que esté- y con palabras infladas de patriotismo, mucha gente vio venir un cambio diametral en la oposición. “!Ahora si se acabó el manguareo! A correr todo el mundo porque donde ronca tigre no hay burro con reumatismo”. Los días de Maduro están contados porque se encendió la llama de la resistencia, para botar la pólvora mojada de la Unidad. La fuga se asoció con la creación del partido Soy Venezuela. Y así pasan los días y yo desesperando porque en ese aspecto nada cambia.
A partir de ahí, pues nada. El radicalismo sigue igualmente sin política, sin planteamientos, sin explicar a los venezolanos cuál es la alternativa que representan, sin decir lo que hay que hacer. No existe un átomo de concreción en las expresiones de los supuestos dirigentes que componen su comando y se limitan a lo que siempre hacen: denostar de lo que hace la Unidad. Decían que la alternativa era la protesta de calle, pero hasta el momento según nos informan no salen ni al abasto. Uno que otro tuit que revela mentes con problemas graves de separación de la realidad y un profundo odio por todo lo que se mueve, con inútiles ronroneos moralistas que a nadie interesan ya que ni los ronroneadores ni su moralidad nada representan. Esperan para salvarse del silencio que las negociaciones fracasen, seguir insultando a los que van al diálogo y así matar la ociosidad y el desesperante fastidio.
Una perspectiva auspiciosa en este clima soporífero, es la posibilidad de que Manuel Rosales obtenga la gobernación del Zulia. Eso traerá un impulso positivo en la política y debe contribuir a la recuperación de la combatividad caída. La oposición útil seguirá luchando por sobrevivir, por mantener viva la posibilidad del cambio. Si alguien hiciera caso al radicalismo infantil, que parece más bien abulia, no participaríamos en elecciones, no tendríamos alcaldes, gobernadores ni Asamblea Nacional, no iríamos al diálogo. Viviríamos echados en un rincón esperando que vengan unos militares salvadores o una invasión extranjera a entregarnos el poder.