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Editorial: Peripecias de los cuatro jinetes
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Luego de los dos años catastróficos después de elegida la AN, a los que el gobierno remató con clavarles la constituyente en el pecho, presenciamos el naufragio nuevo del sistema de partidos que surgió e imperó durante el chavismo, y el nacimiento de otro. AD que había logrado sobrevivir la hecatombe de 1989 e incorporarse a la nueva realidad, corre hoy el gravísimo riesgo de dejar de existir. Y está hoy en zozobra y no a la cabeza de un gran movimiento opositor, por un resbalón histórico: extrañamente, en los días dramáticos posteriores a la elección regional, no asumió la defensa de su victoria al haber ganado cuatro gobernaciones, que son, paradójicamente,de lo poco que salva a las fuerzas democráticas de desaparecer.
AD lució atribulada y confusa, se desmarcó de sus gobernadores y quedó en el peor de los mundos: la repudiaron los abstencionistas y los participacionistas. Por otra parte PJ y VP ilegales, con sus dirigentes presos o perseguidos, están desarticulados sin capacidad de reacción, subsumidos en lo que llaman “el frente”, que son ellos mismos, detrás de algunos gremios. Hasta ahora su única acción política ha sido, desapoyar la candidatura de Falcón y sugerir abstenerse.
Se derrumba el sistema de partidos concebido por los que Chávez llamó los cuatro jinetes, que gerenciaban varios de los más importantes medios de comunicación y tomaron control de la dirección opositora en toda aquella primera etapa convulsa de los arranques del chavismo. La terrible desestabilización de la democracia durante el gobierno de Pérez, fue obra de los gerentes de algunas de las principales televisoras y periódicos, que luego quisieron fundar su propio sistema de partidos diferentes a AD y Copei, demasiado palurdos para su gusto.
Con esa esperanza los jinetes estimularon la aparición de estos partidos de gente joven, educada, biennacida e inexperta y les agenciaron todos los recursos económicos y comunicacionales que pudieran necesitar. Pero con la cadena de errores a la que los propios financistas y guías espirituales los arrastraron hasta hoy, esa inversión está a punto de convertirse en quiebra. Los jinetes fracasaron primero cuando destruyeron las instituciones democráticas para crear un nuevo sistema de partidos y lo que produjeron fue a Chávez y hoy sus consejos llevaron sus creaciones al síncope.
Esos partidos dependen ahora de una fuerza extranjera o de cualquier golpe de azar que los devuelva a la política. Luego ocurrió otra gafedad sin nombre. Un grupo de muchachitos salieron de las universidades a protestar en 2007 con sus manitos blancas, y contribuyeron a la derrota de Chávez en el plebiscito. Pero otro de los jinetes se enamoró locamente de ellos. Les puso la televisora a la orden, camionetas, dinero, recursos de todo tipo, para fundar su propia generación del 28, y lo que logró fue frustrar sus potencialidades, si era que hubieran tenido.
Esa infladura de jóvenes sin madurez, formación ni experiencia, convertidos en figuras políticas, es uno de los factores esenciales del actual desastre que resultó a consecuencia de que asaltaran el poder en 2017. Sus espíritus apenas crudos llamaban a insurrecciones civiles en las que no se escatimaban las bajas, mientras sus mayores lucían tan calenturientos como ellos. Se soñaban ministros, alcaldes y gobernadores sin tener con qué, porque los jinetes y los guías espirituales les soplaban al oído. Hoy se sabe que los jinetes, ahora sin caballos, hasta contrataron campañas publicitarias para promover la “generación de 2007”. Todas esas locuras las hicimos y vivimos en estos años ¿Cómo no iban a ganarnos Chávez y Maduro? Hace falta un recambio de los aventureros por gente racional y ojalá se produzca. Solo así se derrotará a Maduro. En veinte años a los jinetes todo les ha salido al revés.