Editorial
Editorial: Presidente en el exilio
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La Asamblea Nacional fue sigilosa en el tratamiento de la comunicación que le envió el grupo de magistrados nombrados al TSJ por ella, solicitando “antejuicio de méritos” a Maduro. Los fenómenos ocurridos en torno a esto evidencian la división a tres de los grupos opositores. Por un lado están los que se congregan alrededor de la candidatura de Henri Falcón, cuyo objetivo se concentra en llegarle a los sectores populares, que no tienen nada que ver con esas movidas cortesanas.
Falcón y los suyos dan poca importancia al incidente, y en relación con las clases medias, donde prenden las diversas campañas de descrédito canalizadas por las redes, parecen pensar que su importancia es limitada. Un tema tan necio como la partida de nacimiento de Maduro u otro parecido, pertenecen a este estrato de no problemas o problemas imaginarios. En cuando al sector opositor antifalconista, se aprecia una terrible grieta con el incidente comentado. Grupos del exilio, al parecer orientados por la brújula de M.C. Machado, A. Ledezma, A.F. Ravell y otros, pues las páginas Web de este último, y su fámulo-operador en Caracas, están dedicados sin remilgos ni hipocresías a desacreditar a Falcón.
Estos quieren utilizar los doce magistrados para tejer una operación que persigue nombrar a Ledezma presidente de Venezuela en el exilio, una figura que se utilizó en el siglo anterior en países dictatoriales. En la MUD, ahora el Frente, hay varios aspirantes, Aveledo, Borges, Solórzano, entre otros, y por ello la AN no siguió el juego sino que simuló seguirlo en una declaración que hace habilidades para decir y no decir. Ledezma carece de representatividad por la manera como terminó su ejercicio de Alcalde metropolitano, que hizo desaparecer el cargo para el que lo nombraron, y por no tener reconocimiento en la opinión pública, y ni siquiera un partido. No pasa de 1% de aceptación.
Además, las informaciones que se han colado del expediente de Odebrecht preanunciaron revelaciones que comprometen algunos dragoneos. Esperemos que los contenidos de ese expediente tomen cuerpo, si lo hacen, para ver qué ocurre. La declaración de Ledezma según la cual, una vez hecha la “solicitud” del antejuicio de mérito todo estaba muy fácil porque faltaba únicamente que la AN le diera curso, estaba concebida para producir una confrontación final entre la Asamblea y el Ejecutivo, provocar el cierre o algo parecido de aquella por éste.
Los partidos se dieron cuenta a tiempo y aprobaron esta declaración que dice y deja de decir las cosas con el cuidado de un laboratorio de ingeniería genética. Cuidado merece también el caso de los magistrados en el exilio, y la oposición que bajo ningún respecto debiera actuar con el mismo espíritu de atropello a la constitución e irrespeto por la Ley que caracteriza al madurismo, pero con este incidente el comportamiento es casi idéntico.
En primer lugar, el designado presidente en el exilio del TSJ, está impedido constitucionalmente para un eventual ejercicio de ese cargo por poseer doble nacionalidad, cosa que endilgan a Maduro.
Difícilmente se puede prefigurar una sociedad democrática para el futuro del país, cometiendo el mismo tipo de tropelías que han corrompido el espíritu nacional desde Chávez y Maduro, mucho menos para tomar decisiones inconducentes, infantiles. El liderazgo democrático no puede exhibir el mismo desprecio por la legalidad que los dictadores. Y es muy importante tener claro que doce magistrados no son el TSJ, que está formado por 34 miembros. Hay que preservar la Asamblea Nacional que goza de legitimidad de origen, independientemente de lo vapuleado que esté su funcionamiento. Es uno de los pocos elementos de constitucionalidad que sobreviven.