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Editorial: Trump quiere diálogo
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EE.UU no votará por aplicar el artículo 21 de la Carta democrática y apoyará los contenidos del artículo 20 que propician la negociación entre los agentes del conflicto. Habían comenzado las apuestas: “Trump va a  imponer la expulsión de Venezuela”…o “¿conseguirá Almagro los dos tercios?” (de la Asamblea de Cancilleres de la OEA, necesarios para expulsarla)… “Si no los consigue está muerto, puede que lo saquen de la Secretaria General”. “Ya Costa Rica dijo que no” comentaron cuando ese país fijó posición… “Ahora faltan dos votos”.

Luego se pronunció México y más tarde apareció el documento de los catorce países que llaman a negociaciones entre las partes. Viene de nuevo rodando el manoseado, difamado, escarnecido diálogo y ojalá algunos aprendan a cocinar lo que dicen, porque siempre existe el riesgo de tener que comérselo. Ocurre con el nombrado diálogo un interesante fenómeno y es que lo han confundido con dos sesiones de trompadas de se dieron gobierno y oposición con ese nombre en años anteriores.

La primera vez fue en 2014 un interesante combate de televisión, que recordó la época cuando las peleas mundiales de peso pesado eran un  acontecimiento global, que trasnochaban a la gente en todo el planeta, como la Clay-Foreman. La segunda en 2016, cuando los mismos dirigentes que en la mañana se insultaron por lo medios, fueron a “dialogar” a altas horas de la noche, lo que parecía más bien cita para un duelo a cuchillo que una sesión de trabajo. Por supuesto que semejantes episodios terminarían en fracasos. Chávez creó la idea rupestre de que hablar con lo que él llamaba “el enemigo”, era traición.

Y lamentablemente  algunos opositores aprendieron eso, no lo olvidan y denigran del principio sagrado de que  hay que  conversar  con el adversario. Pero lo importante es que la OEA, como todo aquél que conozca la experiencia mundial, sabe que la forma de salir de los conflictos y de las guerras, son los acuerdos civilizados y junto con El Vaticano están decididos a crear las condiciones en Venezuela. Pero los encuentros ahora deberían hacerse  con una mediación efectiva, técnicas sistematizadas y una metodología que garantice que puedan darse y culminar sin incidentes, con éxito para el país, conquistar  sucesivos procesos electorales y la normalización de la vida nacional.

Nadie sabe al final cuál es el juego del gobierno, qué espera, ni por qué permite que la crisis económica se haga cada vez peor. Cuesta creer que se deba a que  no saben qué hacer porque equivaldría a que alguien deje crecer un incendio que va a destruirlo todo sin mover un dedo ni pedir ayuda. Por desgracia desde el año pasado con la frustrada “salida de Maduro” el debate político desalojó  del espacio la discusión económica y social, para ventaja del gobierno. Pero aunque los problemas de la gente hayan salido del spot-light, la tragedia se intensifica y cada vez el gobierno está más acorralado por su propia incompetencia.

Lástima que el drama de las mayorías ya no es la preocupación central del sistema político. Con esta nueva ventana que abre la OEA viene un mundo de posibilidades para la recuperación del camino recto del país. Ojalá esta perspectiva no la nublen los que quieren cambiar todo rápido para que nada cambie.