Editorial
Editorial: Un poco de por favor
Editorial

Da la impresión que varios factores de la oposición no se han dado cuenta del tamaño de la catástrofe de 2016 y misteriosamente insisten en seguir con la absurda línea de acción que tomaron desgraciadamente a comienzos del año pasado. Eligieron el camino de la confrontación, el gobierno los apaleó hasta que le dio la gana y parece que aún no se han dado cuenta. Y algunos parecieran pensar que todavía tenemos cosas que perder y hay que perderlas rápido.
Tenemos una ranchería que quedó de lo que fue una flamante Asamblea Nacional que despertó la esperanza de la gente y hay unos convencidos de que hay que prenderle candela y hacer el tragicómico espectáculo que se prepara. Difícilmente haya algo más descabellado, absurdo e infantil que declarar abandono del cargo de Presidente por Maduro. Si el RR fue una gafedad, esta es una gafedad a la N. Tanto que le han dicho burro al señor y resulta que somos nosotros los que nos merecemos  ese animalito, o a lo mejor también nos queda grande su talento.
Algún cínico afirma que si el 10 de enero la Asamblea declara el tal abandono, en treinta días habrá nuevas elecciones. Cuesta creer que eso sea dicho en serio porque duele que ese sea el raciocinio de algunos activistas- ya no se sabe quién es dirigente- de la oposición. Si los grupos radicales siguen imponiendo la línea, este año la oposición podría desaparecer. Después de semejante paliza que nos dieron el año pasado perdimos cualquier capacidad de negociar o dialogar con el gobierno y debe recomponerse la oposición, sin que eso signifique dividirla.
Debe formarse un bloque que en medio de la debilidad se esfuerce porque haya elecciones de gobernadores este año, lo que tampoco está fácil y tenemos poca fuerza para negociar. Los que crean que la vía es insistir en el error hasta que nos desaparezcan, que sigan su camino pero no hay ninguna razón para seguirlos. El único objetivo en un posible retorno del diálogo con el gobierno es que regrese la condición electoral de las instituciones, cosa que casi está perdida por la torpeza y el infantilismo político.
La radicalización fracasada condujo hoy a una terrible crisis. La opinión pública más que menosprecia a la Unidad, ni siquiera le interesa lo que hace o deja de hacer. Los precipitados lograron que muy poca gente se ocupara en la instalación de la nueva directiva y lo que cundía era escepticismo. Tal vez lo que necesita la oposición para actuar un poco menos erráticamente en esta coyuntura, es recuperar el sentido del ridículo, tener un poco de por favor.