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Editorial: Viejo, rico moribundo busca oposición
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Hay perspectivas de una terrible crisis institucional, que puede estallar en cualquier momento si se rompe alguno de los podridos recodos de una manguera que ya no resiste más deterioro. Una descomposición de tal magnitud hacía tiempo que no se veía en el continente, ni siquiera en los casos del kirchnnerismo y el lulismo, porque en esos dos países no hubo “constituyentes” para entregarle el país amarrado de pies y manos a un caudillo, como se nos ocurrió a los venezolanos, siempre creativos. No es descartable que Maduro se vaya con un apagón, que se lo lleven los muertos de Tumeremo, o un default, o cualquier cosa impredecible.

 

Su base de apoyo es ínfima y se limita al desprecio con que lo ven los militares. Se ha sostenido en el gobierno por dos razones. Una que la oposición realizó un extraño juego desde el 5 de enero para irritar a los militares y devolvérselos a Maduro y que este, inmediatamente les entregó todo lo que ellos no imaginaban que estaban dispuestos darles. La rosca del gobierno, Maduro, Cilia, Diosdado, Jaua, Aristóbulo, El Aissami y Rodríguez aprovecharon los errores de la oposición y consiguieron una bombona de oxígeno por ahora. Los militares tienen de su lado dos cosas.

 

La comodidad de disfrutar del poder y observar olímpicamente como Maduro se continúa hundiendo hasta que llegue al noveno círculo y ellos no tengan que asumir el compromiso de sacarlo. La tragedia de Maduro es que como los ancianos ricos, todo el mundo secretamente está esperando que se muera a ver que le toca. La oposición confronta un curioso problema. Igual que los demás espera el desenlace del anciano, pero se pregunta qué hacer entre tanto. Está chantajeada por el radicalismo que aunque aplastado y pateado el 6D, misteriosamente en enero apareció como si victorioso.

 

La actitud radical impuso el nuevo ritmo al proceso, lo metió en un callejón sin salida, como siempre hace, y metida en la trampa de la que no ha podido salir (¡Maduro se va ya!) la oposición se siente compelida a hablar ese lenguaje: referéndum, enmienda, constituyente, etc. Tal como van las cosas, si no hay un crujido político antes, el gobierno seguirá usando el falso TSJ como constituyente, por encima del legislativo y ninguna de esas hojas de la margarita operará. En todo caso, lo único que pareciera ser inmodificable, es que las elecciones de gobernadores son el 4 de diciembre, con lluvia o con sol, con Maduro o sin él.

 

Las primarias, originalmente en mayo, se postergaron para julio, pero también da la impresión que los partidos, bajo el chantaje radical, no se atreven a hablar de ellas. Lamentablemente los partidos no le explican a la gente que una estrategia democrática para cambiar el régimen obtiene un nuevo, estridente y posiblemente definitivo triunfo si gana una gran proporción de gobernaciones. No tenerle pena y decirlo duro: hay que ganar la elección de gobernadores

 

@Dossier33