Editorial
Editorial: Without goat without rope
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La frase del General norteamericano de los Ray-Ban (ojo: no es la del título) sugiere que no hay nada peor que la derrota, pero se equivocó, porquesi existe algo peor. Es cuando uno gana,no se da cuenta y el adversario nos quita el caramelo de la mano. Así les pasó a los militares argentinos en las Malvinas. Las estupideces británicas fueron tan grandes, que hasta los gringos –y las demás naciones europeas- plantearon un fin de las hostilidades que se traducía en que las islas pasarían progresivamente a control argentino. Pero el talento único de los altos oficiales rioplatenses no se dio cuenta de lo que pasaba y negaron la propuesta. Lo que ocurrió en la OEA fue una victoria diplomática para la oposición venezolana y lo grave es que  supuestos analistas políticos –podrían demandarlos por ejercicio ilegal- lloraron en repudio y grima por el debate televisado.

Algunos descolgados suponían que esta vez la OEA realizaría un acto de repudio estilo cubano contra el gobierno de Venezuela, pero eso solo es posible en la imaginación juvenil. La victoria concreta consistió en que la organización reprodujo el discurso racional de todos aquellos que tienen claros los peligros de la crisis que amenaza a los venezolanos: la necesidad de que el gobierno salga de su desvencijada Torre de Marfil (o anime) y hable con la oposición para buscar salidas. Esa es una extraordinario victoria y basta compararlo con la era de Insulza para comprenderlo. Paradójicamente, los opositores viven en este momento una de las reiteradas etapas de surrealismo político que los aqueja cada cierto tiempo.

Una descubre que este es un gran momento para lanzar su candidatura presidencial y que pronunciar su esperado nombre será el único consuelo para las madres que no consiguen ni arroz ni medicinas para sus hijos: “con hambre y sin empleo, con ella me resteo”. Por otro lado, amulando el lenguaje de Maduro, un honorable profesor chileno, que reside a miles de kilómetros, manda a que los expresidentes mediadores “se metan su negociación por donde les quepa…” para sorpresa de su apacible condición de jubilado europeo. Sigue por ahí rondando la invocación a la Carta Democrática de la OEA por Almagro y frente a esa eventualidad, valen la pena varias preguntas.

Por ejemplo: ¿tiene control la Unidad de los pasos de ese proceso, del cabildeo y las negociaciones o es una acción meramente personal del Secretario General?¿Existe la posibilidad de completar los dos tercios de votos necesarios para que no sea una acción fallida? Y la tercera y más importante: ¿conviene a la oposición que se aplique al gobierno venezolano lo contenido en ese documento. Sería eso eficaz para algo?  Alguien por ahí dijo que “hay que aplicar la carta para que Maduro se vaya” con lo que parece creer que es una especie de carta de renuncia. Mientras tanto, lo que algunos cínicos llamaron “la Salidita” que comenzó en enero, ha creado tantos estragos, moretones y dislates como “la salida” del 2014.

Ambas pecaron del mismo error: subestimar las fuerzas del adversario y, por ello, arriesgar un triunfo y casi convertirlo en derrota. Hoy todos son dimes y diretes, confrontaciones, diferencias, pases de factura que suelen acompañar a las derrotas. Hay dirigentes que asoman el riesgo de que la oposición se quede- como se dijo desde enero- sin referéndum ni elecciones regionales, sin el chivo y sin el mecate. Ojalá el espíritu de la prudencia y la paloma de la paz bajen y pongan orden en la sala y en los corazones, porque como dice Murphy, “no importa lo mal que estén las circunstancias: pueden empeorar”.