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Editorial: ¿Y después del diálogo?
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Con frecuencia aparecen sonrisas displicentes, si no gruesos insultos y manifestaciones de desprecio, cuando se habla de la necesidad de un entendimiento entre la mayoría social y el gobierno para enfrentar la crisis. Y se entiende, porque los encuentros entre dirigentes de ambos polos han sido en vez de eso, más bien encontronazos. La falta de claridad de objetivos, la improvisación, el apresuramiento, la ausencia de asesoría técnica hizo que en 2014 una polémica televisada que rompió el rating, recibiera el nombre de diálogo, una verdadera raya para el concepto básico de la política civilizada. En 2016 ocurrió lo mismo. Se reunieron sin saber cómo ni tener objetivos claros y nada llegó a ninguna parte. Como si estas decepciones fueran de poca monta, muchos actores se dedicaron por demasiado tiempo a desacreditar todas las declinaciones posibles de este acto de racionalidad política: diálogo, negociación,entendimiento,acuerdo pasaron a ser palabras diabólicas, taparrabos de cobardes sospechosos de traición a la lucha popular. Violaron así una norma esencial de la gran política: no ensuciar el envase en el que podrías comer. No deshonrar el instrumento esencial de la resolución de conflictos e incluso de la guerra. Por fortuna en estas últimas dos semanas, afloraron cantidades de grupos que se proponen retornar a la civilidad frente al estancamiento de la situación política. Eso es un gran avance porque le quitará el miedo a los políticos al enjuiciamiento de los guerreros de las redes, muchos de ellos viviendo en países distantes al nuestro, pero partidarios de que el árbol de la libertad hay que regarlo con sangre de los que vivimos en Venezuela. Pero la necesidad del entendimiento no es solo por razones tácticas, sino por otras que van mucho más allá. Y es que si Maduro se fuera hoy y por obra de un acontecimiento indeterminado, surgiera un gobierno de los que hoy están en la oposición, el conflicto social seguiría idéntico y los problemas económicos tardarían en superarse. Las FAN seguirían siendo las mismas y habría unos miles de irregulares armados, que junto con las megabandas y el narcotráfico podrían poner al país en jaque. Sin reservas internacionales, con una deuda externa elefantiásica,  problemas agudos de abastecimiento de alimentos y medicinas, sería imprescindible lograr que el chavismo asumiera la condición de oposición leal y eludiera las tentaciones desestabilizadoras. De no haber comunicación entre ambos bandos y un compromiso de mantener el país bajo control, podrían presentarse situaciones que pondrían en peligro la sobrevivencia de la nación. Muchos países han vivido esa, entre ellos Yugoslavia y El Líbano y escribieron historias muy tristes. Los venezolanos hemos agotado nuestra cuota aceptable de equivocaciones. Hemos fracasado en este cuarto de siglo de manera estruendosa mientras la mayoría de nuestros vecinos ha logrado poner la casa en orden. Comienza a ser hora de que nos pongamos pantalones largos y no sigamos con la absurda idea de que todo es posible y que podemos decidir conforme a hormonas y caprichos. Cada error se paga y se paga caro.