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Editorial:Una gran manifestación pacífica
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Según informan los especialistas, 90 de cada cien ciudadanos repudian al gobierno y quieren que se vaya sin que su salida produzca consecuencias que minen aún más el futuro, la convivencia y la paz. La marcha del 1 de septiembre será una gran demostración de respaldo democrático al cambio, al regreso a una vida decente que nos usurpó la peste negra de la revolución. El gobierno de facto maniobra todo lo que puede para impedirla –improbable si no imposible- tergiversarla, adulterarla y eso obligó a la Unidad a tomar previsiones que nunca serán exageradas. Ese es el sustrato de la manifestación y en sus consignas implícitas están las demandas y denuncias legítimas de la sociedad contra una rosca repudiada, incompetente y corrupta: inflación, escasez, miseria, elecciones de gobernadores, revocación.

Una demostración abrumadora cumpliría con su papel esencial si expresa ante el mundo que el malestar ciudadano se vuelve a convertir en manifestación política, como ocurrió en las elecciones parlamentarias del 6-D. El hambre no tumba gobiernos pero un liderazgo diestro es aquél que logra convertir el descontento en apoyo político, porque ese fenómeno no es automático. Esos son los límites de la marcha y nadie debería pretender sacarla de ahí, aunque algunos han expresado que quieren utilizarla para bobería que terminan por ser trágicas.

El gobierno con sus tácticas fidelistas prepara infiltrados para producir acciones violentas y acusar luego a algún dirigente, como ocurrió con Leopoldo López en 2014. Obsérvese que previo a la marcha emprenden una serie de acciones y palabras brutales. Con saña, inhumanidad, sadismo, crueldad, como son los comunistas, sacan a Ceballos de su prisión domiciliaria para internarlo de nuevo en la cárcel. Como cualquier revolucionario, la peor estirpe de los humanos, expulsan del país a la delegación ecuatoriana encabezada por Cynthia Viteri, un gobierno que ha cobijado los roedores que circulan por la cañerías del terrorismo internacional y hasta creó Conviasa para ellos.

Dictan orden de captura contra el alcalde de Maturín, sin ninguna razón y anuncian y realizan despidos masivos de la administración pública. Como cualesquiera déspotas, blanden argumentos de guerra. Sacarán a las calles a la temible Guardia Nacional,- la Sagrada de Maduro- las policías y los colectivos paramilitares, estos en semi-receso desde 2014. La Sagrada fue la primera policía de Caracas, compuesta por un grupo de esbirros disciplinados, desalmados, implacables, que no rendían cuentas de sus actos y tenían licencia para matar, bajo las órdenes de Juan Vicente Gómez, tal como la GNB.

Esa táctica persigue dos objetivos diferentes: asustar a los sectores mayoritarios, que son por naturaleza pacíficos, para que no asistan. Y radicalizar a los come culebra para que faciliten el plan del gobierno de desnaturalizar la marcha. Los líderes que merecen ese título lo son porque “ven de lejos”, son capaces de adelantarse a eventualidades que minen las bases del destino. Hay demasiados ejemplos en los que, luego de salir de circunstancias que se pensaban las peores, se entra en otras que son igualmente peores, y los sueños se convierten en pesadillas.