Editorial
Editorial: El país donde se acabó la política
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El gobierno simula no darse cuenta de que el hampa declaró una guerra contra los militares y los cuerpos policiales. Con ellos hay ensañamiento y no pasa un día sin bajas, tanto que tienen instrucciones de no andar uniformados y de que cuando vistan de civil, no porten ninguna credencial ¿O tal vez será, como sostienen algunos, que el gobierno  tiene un pacto de laissez faire laissez passer con el hampa y no se meten? Por el otro lado en sectores de la oposición parece que no se ha entendido que hoy hay tres factores de poder, el gobierno, la F.A y la Asamblea Nacional, que cada uno de ellos merece un trato respectivo y que la primera obligación de un político es buscar matices o hacer que aparezcan. Para salir de la parálisis institucional hay que llegar a algún acuerdo entre esos tres factores, y no puede ser caída y mesa limpia. Desgraciadamente parece que el gobierno y la oposición piensan solo en imponer su punto de vista y eso mantendrá las cosas estáticas hasta que el otro factor decida por los que no tienen capacidad para hacerlo.

 

La Asamblea Nacional  respaldó  la solicitud del Papa de que se estableciera un diálogo, pero sin la menor intención de hacerlo. Nadie se movió para pedir que el Nuncio diera los pasos iniciales, ni presiona para que se nombre una comisión que ponga la bola en movimiento. El gobierno decide una ridiculez llamada Comisión de la Verdad con el fin expreso de que la oposición no participe y todo sigue en el mismo sitio. Nadie en el gobierno ni en la alternativa desea conversar y es posible que la resultante de esta inercia sea lo peor que podamos imaginar. Si alguien menciona algunos nombres de candidatos para establecer un puente gobierno-oposición, por regla se rechazan. Uno no me gusta por malo, otro por feo y otro por gordo. Gracias a los militares la mayoría ganó y cobró dos veces, el 6D y el 5E, porque ellos le pararon el trote a los desaforados que querían un baño de sangre.

 

Hay que recordar siempre que los militares son un cuerpo profesional igual que cualquier otro. Miles de profesionales que se levantan en la mañana a llevar sus niños al colegio, pasan el día en el trabajo, salen  a hacer mercado y no consiguen nada en los anaqueles y si consiguen el sueldo no alcanza. Eso incluye también altos oficiales, salvo los que están enchufados o forman parte de los círculos negros que hay en la institución, que son pocos pero mandan. Por eso es  inexplicable que a partir de enero, la oposición trazara una misteriosa línea Maginot con ellos, mientras el gobierno se dedicó a halagarlos y acercarlos, como tendría que haber hecho cualquiera. No se escatiman calificaciones y amenazas contra los uniformados. Resultado evidente, se cuadraron otra vez con Maduro.
Para salir de esta obra de Ionesco es preciso tener disposición a hablar con sectores vinculados al gobierno y con los militares como factores diferentes y sin la aspiración infantil de ganar con un jonrón con bases llenas y dejar al otro en el terreno. Una salida negociada parece lo único. Como estamos en el país con menos disposición política del mundo, Maduro y Cabello comienzan a abusar de nuevo con sus amenazas contra la Asamblea Nacional y con la poco sutil insinuación de violencia, y  otra vez los militares arrancan  a alborotarse, porque tienen muchas razones, entre ellas que no quieren sangre, pero temen que la oposición tenga previsto un plan de desquite hacia ellos. Su situación es muy complicada. 1) El gobierno permite que la delincuencia los asesine impunemente y debe ser por algo 2) la seudoposición de las redes los insulta de manera irresponsable 3) Para la   oposición  política parece que no existieran o que no le caen bien. Ya veremos