Editorial
¿Maduro implota?
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El gobierno recibió una derrota en la OEA y sus heridas sangraron más por efecto de sus mismas (malas) acciones. La comparecencia de la Canciller resultó simplemente catastrófica. Irrespetó la Asamblea de todas las formas posibles, la tildó de instrumento imperialista, sin darse cuenta de que ofendía a cada uno de los gobiernos allí representados. Si Ud. le dice golpista a un organismo colegiado que acaba de decidir algo, se lo está diciendo a los integrantes que aprobaron la decisión. Los revolucionarios siempre se abrogan el derecho de carajear a los demócratas una estirpe inferior de lacayos, cómplices, o esa horrorosa palabra, “injerencistas”. El mero hecho de que gran mayoría de los países evalúe el caso de Venezuela significa que lejos de la “normalidad” que quieren fingir los artífices de la revolución, al país se le ve en problemas graves y al borde de situaciones impredecibles. Todo el mundo está de acuerdo con el diálogo y alrededor de esa petición se organizó la mayoría. Darles la posibilidad de que se retiren en orden.
Eso es un avance con botas de siete leguas para una oposición a la que por un tiempo se le observó con menosprecio en los organismos internacionales y no solo por el efecto Insulza sino por fallos que la hicieron ver “golpista”, como un grupo minoritario que irrumpía contra la legalidad de un gobierno popular. Hoy día la alternativa se aprecia en el mundo como un grupo de partidos y fuerzas que quieren la paz, la democracia y el bienestar, junto con la mayoría de los venezolanos. Salvo un pequeño grupo de gobiernos, la oposición cuenta con respeto y admiración de la comunidad internacional porque ha dejado claro que es pacífica y constitucional. Al contrario la cúpula revolucionaria está en cuestión en todas partes y el reclamo inequívoco de la vecindad continental es salir de la crisis sin estallidos en los que mueren inocentes.
El gobierno está en minoría en la comunidad internacional, en la región, en el país y en sus propias filas ya muchos no esconden que buscan la manera de quitarse de encima a Maduro y su rosca, que según han dicho figuras importantes, pone en peligro la sobrevivencia del PSUV. Es un gobierno acorralado, una molestia para Raúl Castro, aunque con el apoyo de la indeclinable voluntad de destrucción de su hermano. La otra pesadilla, derrota candente y definitiva, es la primera etapa de la recolección y validación de firmas para el Referendum Revocatorio, una acción heroica de los dirigentes de la MUD y de la ciudadanía. No hay otra forma de calificar el valor y la decisión que han desplegado los demócratas contra viento y marea, en una secuencia llena de amenazas, violencia, trampas y retorcimientos propios de los personajes que quisieron impedirla por las malas.
Esos dos episodios parecen anunciar que lo que viene para Maduro y los siete enanos podría ser una implosión. Si van al revocatorio es bastante posible que reciban una paliza electoral que los borre de la faz, porque va a ser difícil convencer a las bases que voten a su favor. Si renuncia y se va a una nueva elección es posible que con un candidato fuera de los siete enanos maduristas, que cargan con la responsabilidad de todo lo que ocurre, puedan tener un respiro. Pregúntele a Zapatero sobre la historia del PSOE y a Torrijos la de su partido.