Editorial
Maduro y los siete enanos
Editorial

La palabra crisis, como tantas otras, de repetirla se banalizó. Cada vez que aparecían problemas en la democracia – como es normal- se decía que había una “crisis”, con lo que el término perdió su sentido preciso: exasperación de conflictos que colapsan un sistema para dar originar una rearticulación. Si alguien en el gobierno hubiera leído a Gramsci, sabría que para ese gran maestro de la ciencia política crisis designaba un momento de cambio “orgánico” de la sociedad, y se producía “cuando lo viejo no acaba de morir y lo nuevo no acaba de nacer”.
Pareciera que lo que se vive en Venezuela es, ahora si, una crisis orgánica de la que debería surgir algo nuevo. El galáctico, un hombre del siglo XIX, sembró las desgracias que vivimos. Asfixió a los productores por ser oligarcas, aniquiló la democracia, el Estado de Derecho, la propiedad y la libertad, organizó malvivientes en brigadas de aporreadores, desinstitucionalizó las FFAA, y otras. Pero al ponerse las papas duras, seguramente hubiera echado una lloradita y llamado al diálogo nacional para no aniquilar la revolución y crearle nuevas opciones, tal como hizo Daniel Ortega en 1990.
Para su infortunio, los sucesores carecen de cacumen y van directo al matadero –posiblemente general- sin que nadie pueda evitarlo. Sus amigos de UNASUR quisieron ayudarlos a pasar el trago amargo, pero no se dejan ayudar y en una misma semana realizan dos actos de estupidez política alucinante: le rompen la crisma a Julio Borges, uno de los principales líderes de la oposición y convierten en no firmantes de la solicitud de referéndum nada menos que a los jefes de la MUD.
Ambas obras tienen el sello lacrado del talento sin par de Jorge Rodríguez, que de no ser por Chávez jamás hubiera llegado en la política real a presidente de un condominio. Solo mezclado en la Corte de los Milagros pudo recalar donde está y ya vemos las trágicas consecuencias para el país de su advenimiento. Este año del Señor, 2016, se produce lo que estaba anunciado hace un tiempo: el cruce del colapso económico y el colapso político.
Cómo decíamos, el régimen creado por Giordani se basó en destruir a los productores por “enemigos de la revolución”, para sustituir la producción por importaciones. De paso así mantenía a los pobres bien pobres, para que no se hicieran escuálidos, según palabras del educador humanista Héctor Rodríguez. Eso ocurría mientras los miembros del gobierno y del partido daban destino desconocido a las divisas petroleras hasta que las agotaron.
Hoy se acabaron medicinas, alimentos, y las divisas para importarlos están en bancos de todo el mundo –Andorra- en cuentas enchufadas. Es la crisis económica. Al mismo tiempo la acción brutal del gobierno, su totalitarismo desembozado, lo lleva a darle un golpe de Estado a la Asamblea Nacional recién electa por abrumadora mayoría con lo que queman el supuesto tribunal supremo y se quema a si mismo. Ahora con las locuras de Tibisay sobre el RR queman el CNE. Pirómanos políticos.
Y queman el prestigio internacional que sembró el galáctico. Noventa por ciento de los venezolanos consideran que el país va mal o muy mal, lo que es ni más ni menos que la evaluación del talento estratégico de Maduro y sus siete enanos (Cabello, Jorge, Cilia, Luisa, Tibisay, Gladys y Héctor) Es la crisis política. Ambas crisis ahora ahora entrelazadas ¡Y cómo harán Maduro y los siete enanos frente a semejante deslave!