Editorial
¡Somos sensacionales, Che!
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El diálogo es un principio básico de la convivencia humana y según los arqueólogos, una vez que pudieron comunicarse, la relación entre mesnadas de pitecantropuscambió y no se limitó a caerse a golpes, a las guerras primitivas, sino que aprendieron a negociar y cazar mamuts entre todos. Y en la política, mientras más primitivo sea un adversario, más importante es llevarlo al terreno de la conversación, sobre todo si es un pitencantropus armado. Alguien escribió que si “tengo que enfrentarme con un lobo, estaré muy interesado en discutir unas reglas, y que las respete”. Eso es tan primario que no vale la pena abundar. Gracias a los errores del gobierno, la comunidad internacional, incluidos los simpatizantes de la revolución, reclaman que en Venezuela las fuerzas en pugna dialoguen.

Frente a eso hay reticencias emocionales, comprensibles en los fans, pero no debería haberlas en dirigentes políticos.  “Poner condiciones” es con frecuencia una manera de impedir el diálogo, porque la regla elemental dice que el éxito fundamental es que los grupos en pugna acepten sentarse. Cuando Maduro dice paladinamente que ya el “tribunal” le pasó la sentencia contra la directiva de la Asamblea Nacional y al mismo tiempo invita a un “cara a cara” con el diputado Ramos Allup, crea condiciones para que no ocurra. Cuando alguien afirma que el requisito para empezar conversaciones es que suelten a los presos políticos suena  idéntico a cuando Al-fatah decía que para negociar con Israel exigía que soltaran todos los presos revolucionarios en el mundo y se nacionalizaran las empresas petroleras.

Otros preguntan con sarcasmo “¿vamos a discutir derechos constitucionales…?” aunque la respuesta es obvia: si estamos es un régimen respetuoso de la constitución y las leyes entonces… ¿cuál es la queja?”. Si algo sabe todo el mundo es que en Venezuela no existen derechos constitucionales. La impresión que da a cualquier observador es que tanto gobierno como oposición creen que van a salirse con la suya en este 2016 y que por lo tanto no quieren que haya ningún diálogo ni negociación y le hacen discretas reverencias a esa bandera porque la presión internacional es muy alta y no hay más remedio. Mientras tanto el gobierno sacrifica a la ciudadanía y la condena a condiciones de vida infrahumanas y juega irresponsablemente con la violencia.

El gobierno solo cuenta para sostenerse con un sector de la FAN, particularmente la Guardia Nacional, por el papel de Néstor Reverol que apuesta a ser próximo Ministro de la Defensa de la mano de Tareck Al Aisame. La moción para aplicar la Carta democrática en la OEA, la presentó gente de la oposición sin consultar ni discutir el asunto, sin hacer lobby para evaluar las fuerzas, es un nuevo salidazo de los que no tienen muestra disposición ni deseo de aprender.

Otra vez el infantilismo político dilapida energías y recursos. Quedará en jaque Almagro si no logra la mayoría, quien asumió esa posición en apoyo a moción de los opositores venezolanos. No se debería decir la ligereza de que su decisión es producto de un pleito personal con Maduro, ni tampoco vapulear a Macri porque cuestione la eficacia de la Carta Democrática, ni a todo aquél que tenga criterios políticos que en momentos no coincidan con los de alguno de nosotros.

La OEA impone el diálogo a las partes lo que revela que el gobierno se debilita, pero no es un triunfo de la oposición porque no lo ha asumido como bandera sino a disgusto. Con todos los huevos en la canasta del RR no es un misterio lo ocurrido con la elección de gobernadores, que según parece no tiene dolientes de ningún lado, salvo en la provincia, que debería imponerla al desaprehensivo liderazgo nacional. Como diría un argentino “!somos sensacionales!”