Editorial
Editorial: Una fotografía
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La semana que termina, Maduro debió estar de fiesta. Salvo Henri Falcón en su intenso ciclo de giras, nadie de la oposición ataca al gobierno. Los partidos y grupos neoabstencionistas solo se ocupan de embestirlo a él. Es asombrosa la montaña de acusaciones, calumnias, insultos, orquestada desde los alrededores del Frente. Arreció ese fenómeno desde que se publicó la foto de Borges, Vecchio y Ledezma, sellando en París el redivivo Pacto de Nueva York de 1957, del que, para ser idéntico, solo faltaban Betancourt, Caldera y Villalba.
Es bastante seguro que alguien les haya sugerido esa imagen para asociarlos con la reunión de 1957 entre los tres grandes líderes de los partidos de la democracia en 1958 (ya tienen hasta el candidato a representar a Monseñor Arias Blanco). No está en nuestro interés especular sobre si las dos reuniones, con 61 años de diferencia, son equivalentes, pero el diseño pretende prefigurar quienes serán los que gobernarán a Venezuela ido Maduro. Y como en 1958, los que no aparezcan en esa gráfica, pueden olvidarse del poder. Olvídense Falcón, Ramos, Rosales, porque estarán fuera. Y en ese bosquejo, el Frente sería el equivalente de la Junta Patriótica.
Hay en la cabeza de algunos la repetición de un nuevo 23 de enero de 1958, en prueba más de que muchos viven en Narnia. La intensificación de acusaciones furiosas que transcurre por las redes y en declaraciones desde el exterior, se debe a que hay elementos que fastidian la ensoñación. Según las encuestas, Falcón crece en los sectores populares, diez puntos en los grupos D y E, dice una de ellas, y tres puntos en las clases medias (y las capas medias, así como le dieron el triunfo a Chávez en sucesivos procesos electorales, fueron protagonistas de la derrota a los partidos democráticos en las elecciones regionales del año pasado.
Por no alargar la lista, en Miranda, Carabobo, Aragua y Lara fueron las urbanizaciones con abstención a veces de más de 70% le facilitaron las cosas al gobierno) Y se presenta un axioma: a Falcón solo pueden derrotarlo la oposición (abstencionista) y/o debilidades de su maquinaria electoral. El grave problema para los autores del nuevo Pacto de Punto Fijo está en que Falcón en caso perder, quedaría como jefe de la oposición interna, en el terreno, mientras los dirigentes rivales están inhabilitados o se fueron en desbandada, sus partidos ilegalizados y además corroídos de descrédito por las acciones de los dos últimos años.
Por esa razón el Frente decidió borrar a Falcón de la faz de la tierra con cualquier recurso disponible, e incluso Borges, siempre comedido, dio el paso de atacarlo a quemarropa. Maduro dejó de ser problema para ellos, porque el verdadero es Falcón. Los ejércitos norteamericano y soviético corrían desesperadamente a ver quien llegaba primero a Berlín en la derrota alemana, PJ, VP y Soy Venezuela (¿) quieren llegar primero que Copei, el MAS y AP a la presunta derrota de la revolución. Incluso si se materializara el espejismo de un pronunciamiento militar victorioso como el de Larrazábal, que sueñan algunos, unas fuerzas armadas unidas que deponen al gobierno, esos militares y el madurismo, tendrían mil razones para entenderse con Falcón y no con los políticos exilados.
Pero el cambio de régimen en Venezuela no tiende a parecerse a eso, sino a una larga pulseada dentro del país con los restos del chavismo y su apoyo militar, en la que al madurismo, como consecuencia de las elecciones, se le haga demasiado difícil continuar y se vea obligado a una negociación, esta vez en serio, con la oposición interna. Ello obligaría a un pacto de coexistencia, al respeto por enclaves de poder, la justicia transicional y a una marcha consensuada y cuidadosa en la que el madurismo y las FF.AA tendrán un papel diferente al que le prefiguran desde París.