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10 tesis que favorecen a Donald Trump
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1. Donald Trump no es Hillary Clinton

Suena más banal de lo que es. La ex secretaria de Estado de EE.UU. no solo es inelegible para los republicanos. Muchos demócratas y electores independientes tienen grandes problemas en aceptarla como candidata. A ojos de éstos, ella representa una percepción casi dinástica de una elite política. Quien ha ocupado cargos públicos por tanto tiempo como ella, por fuerza ha cometido gran cantidad de errores que pueden ser usados en su contra.

Sobre todo en el escándalo de los correos electrónicos hechos públicos ha salido a relucir el que es su mayor problema: la arrogancia del poder y cómo ella demandó privilegios. Si se hubiera disculpado prontamente y de modo más claro, el tema ya sería asunto resuelto. Naturalmente, el sexismo también juega un papel en el rechazo de quien por otra parte fue una muy exitosa senadora por Nueva York.

2. Donald Trump habla y la gente le entiende

Mucho de lo que dice carece de todo sentido y, además, Trump es capaz de contradecirse varias veces en una misma frase. Pero él habla de tal manera que lo entiende todo aquel que domine más o menos el idioma inglés. Y si las personas lo entienden, perciben que él también las entiende y que las toma en cuenta.

3. La gente le cree

En principio no tiene lógica. Pero debido a que Donald Trump suele caer en contradicciones, y a que presenta tesis y suposiciones distintas sobre un mismo tema, muchas personas sienten que se trata de un hombre honesto.

En una campaña en la cual las declaraciones están hechas tan a la medida de los gustos de distintos grupos electorales, la autenticidad es apreciada por muchos, más que los conceptos acartonados o aprendidos de memoria.

4. Tiene logros económicos a la vista

Casi a diario surgen detalles que comprueban que los negocios del millonario de Nueva York no son tan exitosos como los pinta él. Pero esto apenas ha mermado su relato, según el cual Trum es un gran hombre de negocios. Esto puede explicarse por las muestras visibles de su imperio en gran parte heredado, en la forma de casinos, campos de golf y, no por último, los rascacielos que llevan su nombre.

5. No teme hacerse de enemigos

Sus insultos y exabruptos son para muchos una muestra de que Donald Trump no tiene miedo de hacerse de enemigos. Y esto es una clara demostración de fuerza, sobre todo cuando se trata de poner en primerísimo lugar los intereses directos de Estados Unidos.

Muchos de sus simpatizantes no suelen insultarse entre sí, ni a las mujeres. Pero sí ven los insultos de otras personas como otra demostración de fuerza como la que buscan en un líder. Trump personifica el ánimo de quienes ven con buenos los exabruptos en un país lleno de normas de comportamiento y condicionamientos sociales, y en el que además conviven tantas culturas y religiones.

6. Gesticulación y emociones

Nadie espera que Donald Tump presente planes cuidadosamente elaborados y consistentes. A cambio, él ofrece grandes gestos y visiones, como respuesta a los miedos e inseguridades de sus simpatizantes. Ofrece una patria emocional que sirva como refugio frente a “los otros”.

Es justo lo que muchos quieren en este enorme mundo. No quieren cuestionamientos, ni mandatos, ni explicaciones. Solo quieren respuestas y ofertas sencillas.

7. Todo debe quedarse como nunca fue

El sueño de Trump de recuperar un país monumental de antaño es ante todo una cosa: la negación a aceptar el hecho de que vivimos en un mundo globalizado. Donald Trump es el único candidato que en esta campaña ofrece una receta contra la transformación. Su “hagamos a Estados Unidos grande de nuevo” es solo un lema político para captar a los que tienen un temor justificado de que el nivel de bienestar en los países ricos no se podrá sostener a la larga. Donald Trump personifica el rechazo a la globalización, y su propuesta de levantar un muro en la frontera con México se ha vuelto un símbolo de este fenómeno.

8. Trump es producto de la evolución del Partido Republicano

Desde los años 70, el Partido Republicano ha tomado un rumbo que ahuyenta a muchos de sus electores tradicionales. El fenómeno de Trump es una respuesta. Después de todo, fue ese partido el que lo formó, con su discurso antigobierno, y con su apoyo a las elites económicas. Los votantes clásicos, la clase media blanca, son los que sufren los efectos de la globalización y de la competencia por los salarios más bajos. Los valores originales del conservadurismo del partido de Lincoln han sido debilitados por un extremismo propio, y con ello, se abrió la puerta a alguien como Trump.

9. La última oportunidad del hombre blanco

Para los demócratas, la clase media blanca no es un factor que ponga en riesgo su existencia. En cambio, los republicanos necesitan a este sector de la población para asegurarse sus votos, que son indispensables para ganar. Con los cambios demográficos a futuro, a más tardar en el año 2050 Estados Unidos no será un país mayoritariamente blanco, con lo cual este sector perderá poder. Esta elección será una de las últimas en las cuales el hombre blanco y maduro de clase media tendrá alguna influencia en el resultado. Ningún candidato ha sabido sacar provecho de estos miedos y esperanzas como Trump.

10. Donald Trump no es Hillary Clinton

En el mundillo politico de Washington circula una broma: es muy poco probable, se dice, que Donald Trump gane. Pero en cambio, es muy probable que la que pierda sea Hillary Clinton.

Autor: Ines Pohl (EL/ERS)