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A 100 días de las olimpiadas, y en medio de una crisis nacional, Río dice que estará lista
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RÍO DE JANEIRO — La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, quizá se enfrente a un juicio político. La economía del país está en declive. Los ríos, lagos y canales que se utilizarán para los juegos olímpicos están contaminados. Y las instituciones de salud pública a nivel global intentan controlar la epidemia del virus de Zika.

A menos de 100 días de la primera inauguración de unos juegos olímpicos en América del Sur, Río de Janeiro debe superar varios retos internos además de los que ya suelen importunar a las ciudades anfitrionas (como retrasos en la construcción de estadios y problemas de transporte) .

Sin embargo, el ambiente no es de pánico. Los funcionarios a cargo de los Juegos Olímpicos de Brasil comentan que se sienten aislados de la conmoción general de Brasil en esta etapa final antes de los juegos. Después de todo, las olimpiadas tienden a existir en su propia burbuja, producto de una compleja coordinación que garantiza el desarrollo de una operación tan cara y compleja.

“La maquinaria está en su lugar y es relativamente estable”, declaró la semana pasada en una entrevista Ricardo Leyser, ministro del Deporte de Brasil. “Mi mayor preocupación no es un problema individual. Son las pequeñas cosas que pueden presentarse al mismo tiempo”.

Los organizadores locales comienzan a tapar las camas de la villa olímpica con cobertores coloridos que despliegan siluetas de ciclistas, tiradores y nadadores. También monitorean cómo crece el césped que se sembró hace 14 meses para trasplantarse a Maracanã, el enorme estadio de fútbol donde se celebrarán las ceremonias de inauguración y de clausura. Además, sacan basura de la Bahía Guanabara, donde se realizarán los eventos de navegación de los juegos y eliminan parches de agua estancada para reducir al mínimo la proliferación de mosquitos. Finalmente, están encargados de poner en marcha una operación de seguridad que funciona las 24 horas del día sin pausa. Llevan a cabo todas estas actividades, mientras en público expresan muy poca preocupación por el ambiente de inquietud.

El miércoles pasado, con la entrega de la llama olímpica en Grecia y el inicio de una jornada que en poco más de una semana la llevará a Brasil, comenzó el conteo oficial para la ceremonia de inauguración el 5 de agosto.

En Río, se intensifican los preparativos mientras los trabajadores de la construcción todavía trabajan en proyectos de transporte masivo que fueron promesas clave hace siete años para que la ciudad fuera seleccionada como sede de los olímpicos. Estos proyectos, con un costo de varios miles de millones de dólares, incluyen una nueva línea de tren subterráneo y carriles exclusivos para autobuses que conectan el Parque Olímpico de Barra da Tijuca con el resto de la ciudad, donde se espera que se desplacen más de medio millón de visitantes.

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La mayoría de las instalaciones permanentes donde se realizarán competencias en Río están terminadas. A principios de abril, algunos trabajadores limpiaban las instalaciones de Future Arena, un estadio temporal donde se jugará al balonmano. Credit Felipe Dana/Associated Press

En vista de que el valor del real brasileño ha sufrido una caída drástica en el último año, algunos han expresado dudas de que los proyectos de tránsito se materialicen más allá de las estructuras modernas y de líneas limpias que ya se construyeron para que los pasajeros se protejan del clima. En conferencia de prensa, el secretario de Transporte de la ciudad comunicó que las nuevas rutas estarán listas a tiempo, aunque no especificó en qué fecha.

Sin embargo, es posible que a la gran mayoría de las personas que verán las olimpiadas por televisión no les preocupe esa infraestructura.

La mayoría de las instalaciones permanentes donde se realizarán competencias están terminadas, con excepción de los estadios para ciclismo y aquellos donde se jugarán partidos de tenis. “Lo que importa es el relleno del pastel”, señaló Leyser. “No los estadios, sino los marcadores”.
Según los recuentos más recientes, el 62 por ciento de las 5,7 millones de entradas disponibles en el mercado, que representan aproximadamente la mitad del número total de boletos ya están vendidas; además, el 24 por ciento de las entradas disponibles para los juegos paralímpicos ya están vendidos también. Pero en comparación con olimpiadas anteriores, quizá la gran cantidad de compradores internacionales es desproporcionada, afirmó Andrew Parsons, presidente del comité paralímpico brasileño.

Algunos brasileños consideran que las crisis política y económica del país han ensombrecido la celebración. Cada vez parece más probable que la presidenta Dilma Rousseff enfrente un juicio político y sea temporalmente removida del poder, y quienes esperaban ser sus sucesores corren el peligro de ser sometidos también a juicio político.

Las acusaciones de corrupción han llegado hasta la organización de los juegos, en particular después de que un empresario involucrado en muchos proyectos en Río fue sentenciado por corrupción y lavado de dinero en relación con varios contratos. Leyser enfatizó que las acusaciones se centraron en irregularidades en las instalaciones de Deodoro pero no se acusó a ningún funcionario público.

“Se trata más bien de un problema administrativo, no un esquema de corrupción”, aseveró. “En esencia, se trata de los números”.

Leyser opinó que la devaluación de la moneda brasileña es una oportunidad, pues aumenta el poder adquisitivo de quienes van a venir del extranjero a Brasil para los juegos.

Pero no todos coinciden en que sea positivo para el país. Shirlei Alves vive en la favela Santa Marta de Rí y criticó al gobierno por gastar dinero en los juegos olímpicos cuando Brasil tiene tantos problemas.

“Todo se está poniendo peor aquí”, dijo Alves, mientras contaba que no tenía electricidad o medicamentos. “El gobierno está cometiendo un error. Me gustaría que cuidaran mejor de la gente pobre en vez de ayudar a quienes ya son ricos”.

Eduardo Paes, alcalde de Río, dijo que la ciudad goza de una “posición financiera cómoda” y que en la construcción del estadio gastó un uno por ciento de lo que gasta en educación de temas de salud.

“Sé que la gente es escéptica”, reconoció Paes en relación con la “enorme responsabilidad de dar lo mejor” en los juegos olímpicos. “Por supuesto, la situación ha sido difícil. Pero el Estado brasileño está comprometido a desempeñarse de la mejor manera en los juegos”.

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Trabajadores del sector salud rocían insecticida en Río para combatir al mosquito que transmite el virus Zika. Credit Leo Correa/Associated Press

Tal vez el problema más complicado para los organizadores y el que más puede generar ansiedad entre atletas y espectadores, sea el virus de Zika, que se transmite a través de los mosquitos y se ha vinculado con defectos de nacimiento y parálisis temporal. El virus de Zika es motivo de mayor preocupación fuera de Río, en el extremo norte de Brasil, pero la Organización Mundial de la Salud declaró al virus como una emergencia pública global y recomendó a las mujeres embarazadas no viajar a ninguna parte de Brasil.

“Los juegos olímpicos pueden ser una ocasión muy propicia para que cualquier enfermedad local se convierta en global”, subrayó Ashish K. Jha, director del Global Health Institute en Harvard.

Algunos científicos han sugerido que, para cuando comiencen los juegos en agosto, a principios de la temporada de invierno en Brasil y la época en que hay menos mosquitos, es posible que el virus esté más extendido en la región sur de Estados Unidos.

“El zika se ha extendido con gran eficacia por sí mismo, pero es muy lógico pensar que los juegos olímpicos pueden acelerar su diseminación”, expresó Jha.

El virus constituye un problema único porque está fuera del control de los organizadores y todavía hay muchas preguntas sin respuesta. Pocos atletas han expresado preocupación en público, pero no se sabe cuántos decidan retirarse antes de las olimpiadas.

“En este momento, solo seguimos adelante”, comentó David Wallechinsky, historiador de los juegos olímpicos. “Debes continuar con la idea de que todo saldrá bien. Estas preocupaciones, como el zika o la calidad del agua, son reales. Pero ni la destitución de Dilma va a evitar que se realicen los juegos.”

nytimes.com/es