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Antón Costas, catedrático de Economía Aplicada: “Puigdemont ha perdido el oremus”
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“El boicot más importante contra el independentismo ha sido el de los catalanes, no el del resto de España”, dice el catedrático de Economía de la Universidad de Barcelona.

En dos ocasiones Antón Costas hizo el amago de levantarse de la entrevista, incómodo por la situación, contrariado por las preguntas. Dos veces amagó con irse y, cuando nos despedíamos, le dije que lo entendía porque hay catalanes, como él, que lo que sienten es que cuando están en Cataluña tienen que soportar el acoso y la descalificación y, cuando están fuera de Cataluña, lo que perciben es incomprensión y desconfianza. En la espiral de enfrentamientos y de irracionalidad en la que el independentismo ha embarcado a los catalanes, este es uno de los efectos colaterales. Por eso le dije que lo entendía y le agradecí que no se hubiera levantado de la entrevista. La de Antón Costas (Matamá, Vigo, 1949) es una vida admirable de superación, aunque él mira para atrás y dice que es “fruto de una madre y un bachillerato”. Nació en Galicia en el seno de una familia de obreros industriales y de ahí fue escalando hasta convertirse en referencia en Cataluña, como catedrático de Economía Aplicada en la facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Barcelona y expresidente del Círculo de Economía.

PREGUNTA. Usted puede despejarme una de las dudas más elementales y pegajosas que se tiene del independentismo: ¿La economía de Cataluña depende de España?

RESPUESTA. El mercado principal de Cataluña es España, yo diría que en un 60% de la facturación global. Indudablemente.

P. Pues a eso iba, ¿cómo es posible que siendo tan evidente, se haya pensado lo contrario? Solo había que recordar a Josep Pla cuando dijo, hace cuarenta años, que “en Cataluña se fabrican muchos calzoncillos, pero los catalanes solamente tienen un culo”.

Artur Mas junto a Antón Costas en 2015. (EFE)

R. Pla era un hombre muy agudo, sí… Para entenderlo y no vernos raros a los catalanes, también se le podría hacer la misma pregunta a los británicos que votaron el Brexit. A ver, mi tesis es que en las sociedades occidentales se ha roto el contrato social que es necesario en toda sociedad, porque hace de pegamento entre los ciudadanos y vincula a unos con otros, aún siendo muy diferentes. Cuando no existe ese contrato social, cada cual tiende a ir por su lado y buscar sus propios intereses.

P. Ya, pero lo que le preguntaba es otra cosa, más básica: ¿Cómo es posible que el principio fundamental de ‘la pela es la pela’ se haya olvidado en Cataluña, a las empresas, a la burguesía…?

R. No, es que eso no se ha borrado. Lo entenderemos si en vez de hablar de ‘los catalanes’ hablamos de ‘partes’ de Cataluña. Al independentismo lo votan un millón seiscientas mil personas, pero los demás no han perdido de vista a España y al mercado español. La parte que lo ha perdido de vista es un sector acomodado que o no depende del mercado español o vive de la administración catalana. ¿Eso ha sido un error? Ha sido un error a la vista de lo que estamos viendo ahora, pero no se trataba de Cataluña sino de una parte de Cataluña. Es necesario diferenciarlo porque ese lenguaje a quien favorece es al independentismo.

Gane quien gane, las cosas van a cambiar. Ha quedado claro que la Ley de la gravedad también rige en Cataluña

P. Permítame una apreciación: lo veo un poco a la defensiva, como intentando justificar a otros. O igual es que está ya hasta las narices de la generalización…

R. No, justificar no, trataba de explicar lo que ocurre para que se entienda… Pero bueno, es verdad, estoy hasta las narices de eso, no le quepa la menor duda.

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P. Verá, le preguntaba lo de haber olvidado la importancia del mercado español porque hay mucha gente que piensa que hasta que no ha habido un boicot, las empresas catalanas no han reaccionado contra el independentismo.

R. Es una hipótesis legítima, pero no me parece acertada. Las dos primeras empresas que decidieron marcharse fueron dos financieras, Banco Sabadell y La Caixa, y lo hicieron porque, tras el 1 de octubre, en tres días hubo una retirada de depósitos espectacular, pero quienes sacaron el dinero fueron los clientes catalanes. Si a eso lo llamamos boicot, no nos entenderemos porque boicot es otra cosa. De hecho, por lo que sé, de donde más dinero se sacó de esas dos entidades fue de las zonas más independentistas. En economía hay que distinguir entre riesgo e incertidumbre: el riesgo se puede asumir, porque es predecible, pero la incertidumbre no. Si vas en un coche, el riesgo es que puedes tener un pinchazo, la incertidumbre es que caiga de pronto una niebla en la que no veas nada. Lo que ocurre tras el referéndum del 1 de octubre, es que la situación política en Cataluña pasa de riesgo a incertidumbre, y eso es lo que explica la salida de empresas y, antes que ellas, de los ahorradores. Así que, volviendo a la pregunta, el boicot más importante contra el independentismo ha sido el de los catalanes, que acabó teniendo un ‘efecto manada’ o ‘efecto dominó’.

Mariano Rajoy y Antón Costas en el Círculo de Economía. (EFE)

P. Entonces, usted cree que no ha habido silencio de los empresarios catalanes durante mucho tiempo, como si hubieran estado esperando a verlas venir…

R. ¿Qué me va usted a decir, aquello de Borrell? Es que no es cierto. Yo mismo, en años muy complejos, he estado al frente del Círculo de Economía y también advertimos de los riesgos de la independencia. Y antes que yo, grandes empresarios como José Manual Lara lo dijeron alto y claro, por activa y por pasiva. Los catalanes no sé, pero muchos catalanes no hemos estado a verlas venir. Muchas veces le advertimos al Gobierno catalán de los riesgos y muchas veces le dijimos al Gobierno de Madrid que había un malestar en Cataluña que no venía del independentismo y al que había que darle respuesta. Pero unos y otros se hicieron los sordos. Lo que sí le puedo admitir es que, probablemente, nadie se esperaba que esto llegase a donde ha llegado. Le pongo un ejemplo, hace dos años le pregunté a un amigo, presidente de una multinacional catalana, si estaba preocupado por una declaración de independencia. Y su contestación fue, “mira Antón, si lo creyese, me preocuparía”.

P. Ha dicho usted algo que se repite mucho en Cataluña: el Gobierno de Cataluña no ha escuchado, pero tampoco el Gobierno de Madrid. ¿Qué se le puede reprochar, a su juicio, al ‘Gobierno de Madrid’, que es el Gobierno de España?

R. Sentencia del Tribunal Constitucional de 2010, que anula parte de un Estatuto que había sido votado por los catalanes, aprobado por el Parlamento catalán y rectificado y aprobado por el Congreso de los Diputados. Lo que no ocurre en ningún lugar del mundo es que, después de eso, un tribunal anule el Estatuto…

La CUP es una mezcla curiosa del carlismo con el anarquismo tradicional barcelonés

P. No me puedo creer que me diga usted que esa es la causa del independentismo, un Estatut que votó el 36% del censo. ¿De verdad lo piensa así?

R. Estoy respondiendo… ¿de acuerdo? Algo va mal en esta entrevista… Lo que no podemos hacer es un debate público y que usted me desmonte cada respuesta… Esto es una entrevista y, como le iba diciendo, la anulación de parte del Estatut por el Constitucional, unido a otros dos hechos que le citaré ahora, explica el 48% de independentismo de la actualidad. Hay una ley en economía, el teorema de Thomas, que explica que lo que se percibe como real tiene consecuencias reales. La sentencia del Constitucional quedó ahí, como un malestar difuso, que le sirvió al independentismo, aunque no hubiera votado el Estatut, para alimentar la idea de que no era posible esperar nada del Gobierno de España. Luego vienen la crisis, los recortes y el malestar en toda sociedad que la Asamblea Nacional Catalana aprovecha para levantar la bandera de una utopía, que es la independencia.

Antón Costas.

P. ¿Ve usted? Es lo que trataba de decirle antes. En esa argumentación, lo que usted describe es cómo el independentismo ha utilizado hasta la crisis económica para crear un estado de ánimo contra España. Pero se añade lo del ‘Gobierno de Madrid’ como para compensar…

R. Esta entrevista va mal… Le he dicho que lo que no ocurre en ningún estado democrático es que el Tribunal Constitucional intervenga después de que se haya expresado la soberanía popular. Le añado a eso que después el presidente Zapatero dijo, “no se preocupen, que con la aprobación de leyes introduciremos aquellos aspectos que el Constitucional haya modificado”. Y tanto con Zapatero como posteriormente, lo que pedíamos es que se cumpliera aquello que se había prometido, que no se trataba de ningún privilegio. Paralelamente, la Asamblea Nacional Catalana se articula en el 2011 coincidiendo con el movimiento de indignación que se genera por la crisis económica y lo sorprendente es cómo, por ósmosis, arrastran a Convergencia y a Esquerra hacia la idea de independencia. A mi juicio, eso ha sido una desgracia. Hay un tercer elemento que influye y que tiene algo de patológico, y es que hay una parte importante de la población catalana que tiene un rechazo visceral al Partido Popular. Si mezclo esas tres cosas, me puedo explicar por qué algo que no tiene mucha racionalidad consigue tener el 48% de los votos de las elecciones de 2015.

Una parte importante de la población catalana le tiene un rechazo patológico al Partido Popular

P. Y todo eso con caldo de cultivo, una ‘cuestión catalana’, dice usted, que estaba latente. Pero eso es desde el ‘carlismo’.

R. Sí, no es arriesgado decir que un 25% de la población catalana es soberanista desde hace un siglo. La propia CUP es una mezcla curiosa de anarquismo tradicional barcelonés con el carlismo de la zona central catalana. La historia pesa y está ahí.

P. ¿Qué piensa usted de Carles Puigdemont, cuando lo ve diciendo las cosas que dice en Bélgica?

R. Que ha perdido el oremus, que ha perdido el oremus… Yo he tenido buen trato con él, un trato personal, y el juicio que hago ahora es político: ha perdido el sentido de la orientación del terreno donde se mueve. Habría que preguntarle por qué si el 25 de octubre a las dos de la madrugada veía claramente que tenía que convocar elecciones, cambia a las doce del mediodía siguiente y organiza el guirigay que organizó. ¿Por qué? En fin, yo creo que Carles Puigdemont tiene algunas fobias, y una de ellas es a la burguesía catalana. Desprecia a las élites, que es un elemento común con el populismo.

P. Se define usted como un optimista pero añade que espera no ser “un optimista bobo”. Desde esa perspectiva, ¿qué puede pasar tras las elecciones?

R. A partir del 22 de diciembre, las cosas en Cataluña van a cambiar. Gane el independentismo o no gane, la política catalana ya ha cambiado. El clima, la calle, ya ha cambiado porque todo esto ha sido un baño de realidad. Digamos que ha quedado claro que la Ley de la gravedad también rige en Cataluña y eso ha traído consigo el principio de realidad. No será un cambio total, pero ahora todos somos más conscientes de los límites de la realidad.

Javier Caraballo/Hola Iberoamérica