Internacional
Brasil entra en un nuevo fin de época
Internacional

(Infolatam, por Rogelio Núñez)-. El proceso de impeachment que se ha abatido sobre Dilma Rousseff supone mucho más que el final de un gobierno o el ocaso de la hegemonía del PT. Representa un golpe mortal para toda una forma de hacer política y gobernar en Brasil nacida a mediados de los años 90.

Bajo el peso de una profunda recesión económica (las peor en casi 90 años), la crisis política e institucional, que alimenta y engorda a la depresión, alcanza al gobierno Rousseff, al principal partido oficialista (el PT), a los exsocios del lulismo (el PMDB en especial) pero también al principal partido de la oposición (el PSDB).

Si en el periodo 1989-1994 se engendró el modelo político en el que se ha asentado Brasil hasta ahora, este periodo que ahora se abre podría funcionar con una época de transición hacia nuevos liderazgos, nuevos partidos y nuevas formas de hacer política.

El final de los grandes liderazgos

La crisis política que arrancó en 2013 y ha ido creciendo tras las elecciones de 2014 hasta desembocar en una crisis institucional en 2015-2016 se ha llevado por delante algunos de los liderazgos nacionales que marcaron los últimos 5 lustros. En especial el de Lula da Silva.

SAO PAULO (BRASIL), 08/04/2016.- EFE/Sebastião Moreira

Lula da Silva

A la sombra de corrupción que le persigue, se une ahora sus erroneas decisiones políticas: utilizar su abortado nombramiento como Ministro de la Presidencia como escudo de defensa frente a las acusasiones que enfrenta.

O negociar en las sombras del hotel Golden Tulip su supervivencia y la del gobierno ofrenciendo puestos y cargos.

Todo lo ocurrido, y más allá de que sigue siendo para una parte del país un referente y un líder, coloca al expresidente como un cadáver político. Y su lucha a partir de ahora no va a ser tanto regresar a Planalto en 2019 sino salir vivo políticamente.

La propia Dilma Rousseff, quien pese a su escaso carisma llegó a tener casi un 80% de opinión favorable allá por 2011-12, es una figura aislada e impopular (solo tiene un 10% de aprobación y más del 60% de los encuestados desea su salida del porder).

Los viejos partidos heridos

Los tres partidos en torno a los que giró el sistema desde 1989 se encuentran inmersos también en una profunda crisis.

El PT por haberse convertido en una maquina clientelar y corrupta sostén de los gobiernos del mensalao (Lula da Silva) y el escándalo de Lava Jat0 (Dilma Rousseff).

Dilma Rousseff con su vicepresidente, Michel Temer

Dilma Rousseff con su vicepresidente, Michel Temer

El PMDB, que puede ser el gran beneficiado de esta crisis al ver a Michel Temer como presidente, puede estar viviendo su último momento de gloria.

La vieja política caciquil y clientelar en la que ha basado su permanencia en el poder con unos y con otros está llegando a su final.

No en vano el 58% de los encuestados cree que Temer también debería abandonar el cargo.

Frente al colapso del PT y de su coalición, el principal partido de la oposición, el PSDB está muy lejos de enamorar a la ciudadanía. Ni sus líderes (Aécio Neves, José Serra o Geraldo Alckmin) ni la propia agrupación se alzan como la principal vía para encauzar el malestar social en estos momentos.

En ese contexto, los partidos deben emprender el camino de la regeneración y la reestructuración interna. El PT para volver a ser el referente de la izquierda y evitar que fuerza más radicales le coman el terreno por su izquierda.

El PMDB como coalición de caudillos y caciques locales solo puede sobrevivir si el sistema no cambia y no se regenera. Es decir que su futuro político depende de ir a contracorriente de lo que pide y exige la sociedad.

El PSDB está ante la disyuntuva de ser capaz de algo en lo que ha fracasado hasta ahora reiteradamente: articular los deseos de cambio de una sociedad que lleva sin confiarle la dirección del país desde 2002.

Como apunta Sergio Fausto: “El gobierno de Dilma, que en sentido estricto no ha existido nunca en este segundo mandato, está destinado a  terminarse antes de tiempo. Será difícil y complejo restablecer el camino de desarrollo que, para bien o para mal, el país estaba pisando hasta mediados de la década pasada. Hay mucho trabajo por hacer en el plano de las instituciones, a través de reformas. No menos importante es el trabajo que habrá que hacer en la sociedad para recuperar la razonabilidad del debate político”.

Un futuro gobierno débil, con poca legitimidad y acosado por los problemas

Si finalmente prospera el juicio político, el futuro gobierno de Michel Temer se va a encontrar con un país partido. Quizá no en dos mitades iguales pero al menos con un tercio resentido por la forma en la que se ha llevado el juicio político.

El vicepresidente Michel Temer asiste hoy, sábado 12 de marzo de 2016, en Brasilia (Brasil) a la convención nacional del Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB). El vicepresidente comentó que "la crisis política y económica" del país es "gravísima" e instó a la "unidad de todos" para superarla.

El vicepresidente Michel Temer

“Brasil está dividido. Pero no en partes iguales: el antipetismo representa hoy el 70% de la sociedad brasileña. A corto plazo, esta división es inevitable. En el mediano y largo plazo, esta división no interesa al país”, señala el analista Sergio Fausto.

Tender puentes con el PT y el lulismo va a ser muy difícil y complejo para Temer por mucho que aspire a formar un gobierno de salvación y de unidad nacional.

Dilma le ha acusado directamente al decir que su forma de comportarse “revela una traición hacia mí y hacia la democracia, de ese jefe conspirador que tampoco tiene compromisos con el pueblo”.

Un medio como Folha subrayaba hace dos semanas que “aun desmoralizado, el PT tiene el respaldo de una minoría expresiva; el juicio político tenderá a dejar un rastro de resentimiento… Esa misma consciencia debería tener Michel Temer (PMDB), quien tampoco dispone de suficiente apoyo de la sociedad. Dada la gravedad excepcional de esta crisis, sería una bendición que el poder retornara rápidamente al pueblo, a fin de que invistiera a alguien de la legitimidad requerida para promover reformas estructurales y sacar al país de la parálisis”.

Con un país herido y con una parte importante (en torno a un tercio) en su contra, el heterogéneo gobierno que encabece Temer va a tener que hacer frente a una profunda crisis económica que exige más ajustes y más sacrificios.

En breve muchos de los que ahora le dan la bienvenida se verán alcanzados por las medidas de reajuste y otros no querrán enfrentarse al creciente malestar que la recesión y el seguir apretándose el cinturón van a crear.

2016-2018 es una época extremadamente difícil que como el periodo 1992-1994 va a significar el fin de un periodo y el principio de algo nuevo: nuevos liderazgos, nuevos partidos y alianzas y, posiblemente, una forma diferente de hacer política.

Tal y como apunta Fernando Mello en el El País, “la sensación de falta de accountability en relación con la presidenta y de débil Estado de Derecho llevan a una presión mayor de la sociedad sobre el Congreso y sobre los parlamentarios. En el caso de Brasil, hay muchos ejemplos de congresistas que han pasado a recibir presiones de sus electores para que voten a favor de la destitución. Por otra parte, el Gobierno ha pasado a negociar cargos a cambio de votos, lo que no ha hecho más que reforzar la visión de poca rendición de cuentas y escaso respeto a las leyes”.